
Malabo suma otro rehén mientras desoye las peticiones de libertad para Anacleto Micha y «Paysa» Elo Ayeto
Share your love
Según Diario Rombe, el activista Enrique Nsolo fue detenido el 20 de junio en Malabo por agentes vestidos de civil. Desde entonces, permanece retenido en el Ministerio de Seguridad Nacional. Las autoridades no han explicado los motivos del arresto.
Enrique Nsolo vuelve a poner el foco sobre la represión en Guinea Ecuatorial. Su detención llega mientras Anacleto Micha Nlang y Joaquín Elo Ayeto, alias Paysa Elo Ayeto, siguen en prisión.
Según la fuente arriba mencionada, el arresto ocurrió hacia las 16:00 horas del 20 de junio. Fue en las inmediaciones de Alcaide, frente al Colegio Jesús María de Malabo.
Fuentes cercanas a la familia aseguran que varios agentes vestidos de civil llegaron antes a la zona. Preguntaron por Enrique Nsolo en bares cercanos a la iglesia de Jesús María.
Una persona presente en el lugar lo señaló. Poco después, cuando el activista pasó por la zona, los agentes lo interceptaron y se lo llevaron.
La mismas fuente afirma que Nsolo fue trasladado al Ministerio de Seguridad Nacional. Ese lugar es conocido como «Guantánamo».
Hasta ahora, ninguna autoridad ha explicado por qué fue detenido. Tampoco se conocen cargos contra él. No se ha informado si fue presentado ante un juez ni si cuenta con asistencia letrada regular.
El caso se suma a una lista preocupante. Anacleto Micha Nlang sigue preso. También sigue preso Joaquín Elo Ayeto, alias Paysa Elo Ayeto. Ambos casos han sido denunciados por organizaciones de derechos humanos.
El mismo poder que ignora peticiones de libertad y garantías judiciales busca después cooperación, crédito y respaldo exterior.
Pero ningún Estado puede pedir confianza fuera mientras convierte la detención sin explicaciones en rutina dentro del país.
La falta de información no es un detalle menor. En cualquier país con garantías básicas, una detención debe tener una explicación clara. La familia y la defensa deben conocer los motivos.
En Guinea Ecuatorial, sin embargo, el silencio vuelve a ocupar el lugar de la ley. Se detiene primero. Se explica después, si conviene. Y muchas veces no se explica nada.
La pregunta sigue abierta: ¿de qué se acusa a Enrique Nsolo? Si existen pruebas, las autoridades deben presentarlas. Si no existen, su detención confirma el uso político de los aparatos de seguridad.
Cinco días después del arresto, el silencio oficial sigue siendo la única respuesta. Mientras tanto, crece la preocupación por Enrique Nsolo y por todos los ciudadanos cuya libertad depende más del poder que de la justicia.







