Mancha negra
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Hoy el tiempo está lleno de alegría,
sin susto ni llanto por sellados juramentos;
corred, corred, corred, bellos versos
a llenar esta página blanca de su mancha negra.
Todo tú, porque solo me puedes inspirar,
y hasta el alma trasluce el encanto de tu gracia,
¿Cómo puede ser una hembra tan perfecto dechado?
El rostro celestial de tiernas y culturales alianzas.
¡No quiero verte otra, mujer de mi ingenio!
Bellos días pasaron bajo esas sábanas de contentamiento,
sabios archivos de una memoria de fieles cadenas,
¿Qué me has hecho, o Briana mía?
Por ti dibujo estos versos sin querer
y a veces quiero, pero no los puedo dibujar.
Es tan triste esa lejanía de nuestros cuerpos
y complaciente la cercanía de almas nuestras.
Te pienso sobre las alas del tiempo,
ahí va en su coche de veloz carrera;
y te recuerdo sobre la ruina de la lejanía astral,
esas noches de velas de fuegos interminables.
¡No salgas a la calle, te mirarán divino tesoro ¡
la seducción de los ojos condena mi sinceridad a la prisión;
¡No salgas a la calle, te apreciarán con mis ojos!
No me temo de los combates de flojos guerreros…
Y cuando de tus ojos siento haber perdido mi presencia
me río y sonrío, de esas vibraciones de tu frágil traje blanco,
el cansancio de mis pasos graves en tu imperio de favores
al otro extremo, otro margen del culto majestuoso,
con sudor cubierto de dulce fatiga de mis manchas negras
como regalos tuyos de nuestra infinita eternidad.
Joel Keffa, Granada, 2019,
Doctorando en Literatura Hispanoafricana
Escritor y poeta multicultural.










