
Teddy habla de jueces mientras la dictadura maquilla sus cárceles para el Papa
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Teodorin vuelve a presentar la crisis carcelaria de Guinea Ecuatorial como un problema de falta de jueces. Pero el momento en que lo hace, con la visita del papa León XIV ya fijada y con el centro penitenciario de Bata dentro de la agenda oficial, delata otra cosa; no estamos ante una reforma de la justicia, sino ante una operación de imagen de un régimen que solo corre cuando hay ojos extranjeros mirando.
En un mensaje publicado en su cuenta de X, el vicepresidente de su padre asegura que en Malabo y Bata solo hay cuatro jueces de primera instancia entre ambas ciudades, una carencia que, a su juicio, explica el colapso de los procesos y el aumento de personas encarceladas sin juicio. En esa misma publicación afirma haber recomendado al presidente de la Corte Suprema de Justicia y al fiscal general del Estado la creación de nuevas instancias judiciales para acelerar los procedimientos.
Pero lo más revelador de esa declaración no es el dato que ofrece, sino la naturalidad con la que un dirigente del Ejecutivo habla del poder judicial como si fuera un departamento bajo su tutela. En cualquier Estado que merezca ese nombre, la justicia no recibe instrucciones políticas disfrazadas de recomendaciones. Cuando Teddy se presenta como quien detecta el problema, propone la salida y marca el paso a jueces y fiscales, lo que exhibe no es preocupación institucional, sino la vieja costumbre del régimen de situarse por encima de las instituciones que dice respetar.
La CPDS de Esono Ondo, que baila con la dictadura en todas las citas, respondió el 2 de febrero que esa explicación es “falaz” y una “farsa mediática” destinada a ocultar las verdaderas causas del colapso judicial, entre ellas la ausencia de independencia y la interferencia sistemática del poder político.
La página institucional del régimen precisó que la agenda del huésped propagandístico, en Bata, incluye una visita al centro penitenciario. Desde entonces, el aparato oficial multiplica reuniones, subcomisiones, controles de seguridad y autorizaciones presupuestarias bajo la coordinación directa del propio vicepresidente. No parece la reacción de un Gobierno de repente conmovido por el drama de los presos sin juicio, sino la de una dictadura que aprovecha una visita de alto perfil como operación de imagen internacional.
Eso explica por qué el discurso oficial suena tan impostado. Durante años, las cárceles guineoecuatorianas han sido depósitos humanos donde el tiempo judicial depende menos de la ley que de la arbitrariedad del poder. Sin embargo, ahora que una visita papal aporta publicidad a la dictadura, las prisiones se convierten de repente en asunto prioritario. El mismo sistema que tolera el hacinamiento, la demora y la opacidad se apura hoy en adecentar lo que antes dejó pudrirse, no por respeto a la dignidad de los presos, sino por miedo a la vergüenza internacional.
Reducir todo este desastre a la falta de jueces es, además, una coartada demasiado pobre. Casos recientes muestran que el problema real no es solo cuántos magistrados hay, sino quién decide de verdad sobre la libertad de los detenidos. Radio Macuto informó el 5 de marzo de 2026 de que Gregorio Mesian Ada, conocido como Goyo, sigue en Black Beach mientras su salud se apaga y su caso desaparece del listado; y ya en 2025 esta página había documentado que varios malienses absueltos por un tribunal militar continuaban encarcelados por decisión política. En esas condiciones, hablar solo de escasez de jueces no aclara nada, encubre el secuestro del sistema judicial por el mismo poder que ahora finge lamentar sus efectos.
Lo que queda al descubierto es bastante más grave que una insuficiencia administrativa. Guinea Ecuatorial vive desde hace años en esa simbiosis obscena entre formas democráticas y prácticas dictatoriales; hay tribunales, pero manda la orden política; hay leyes, pero se aplican según el apellido, el miedo o la conveniencia del momento. Por eso cuesta tomar en serio esta súbita preocupación de Teddy por los presos sin juicio. No están reformando nada. Están limpiando el escaparate antes de que llegue la visita.







