
Malabo descubre el mar cuando se seca el petróleo
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La pesca industrial en Guinea Ecuatorial aparece ahora como nueva apuesta del régimen para la era pospetróleo. Tras décadas de vivir de espaldas al mar, Malabo presenta como estrategia nacional algo que siempre tuvo delante.
Según publicó Sika Finance, el régimen de Malabo ha recibido los resultados de un estudio halieútico encargado a China Road and Bridge Corporation. El informe confirma la presencia de especies marinas de alto valor comercial en Malabo, Bata, Annobón y alta mar.
La pesca industrial en Guinea Ecuatorial se vende ahora como un nuevo frente económico. La paradoja es evidente. Un país con islas, litoral continental y una posición privilegiada en el Golfo de Guinea parece descubrir su mar cuando el petróleo ya no sostiene el decorado.
Durante décadas, el régimen concentró todo su discurso en la renta petrolera. Ese dinero sirvió para levantar palacios, alimentar redes clientelares y fabricar una falsa imagen de abundancia.
Mientras tanto, sectores básicos como la pesca, la agricultura, la industria local o la formación técnica quedaron abandonados. Ahora, con la producción petrolera en caída, Malabo mira al mar como si acabara de encontrarlo en un mapa.
El proyecto incluye una empresa mixta con China Road, barcos pesqueros, un complejo halieútico y un astillero de reparación naval. También promete unos 2.000 empleos y exportaciones hacia China, Japón y Europa.
Sobre el papel, todo suena a diversificación económica. En la práctica, la pregunta es otra: ¿diversificación para quién?
Guinea Ecuatorial conoce bien estos anuncios. Cada nuevo sector presentado como “estratégico” suele terminar en manos de empresas extranjeras, intermediarios del poder y funcionarios que convierten lo público en negocio privado.
El hijo del dictador, Teodoro Nguema Obiang Mangue, habría encargado al primer ministro cerrar las negociaciones con China Road. El paquete incluye cuatro proyectos: pesca industrial, ferry de pasajeros, fábrica de prefabricados y parque turístico en Ciudad de la Paz.
La pesca entra así en una cooperación más amplia con Pekín. China vuelve a ocupar el lugar que Malabo nunca reservó a sus propios ciudadanos: el de socio técnico, financiero y operativo del país.
Tampoco puede leerse este movimiento al margen de la tensión geopolítica que rodea la presencia china en Guinea Ecuatorial. Durante años, Washington ha mirado con recelo la posibilidad de que Pekín obtenga una base naval en la costa atlántica africana, con Bata como punto señalado en varios informes y análisis. Esa opción no se ha materializado, al menos públicamente. Pero el régimen de Malabo parece haber encontrado una vía menos explosiva para seguir compensando a China, proyectos civiles, pesca industrial, ferris, puertos, fábricas y turismo. Si la base naval incomoda demasiado a Estados Unidos, la dependencia económica ofrece a Pekín otra puerta de entrada, más discreta y más fácil de vender como desarrollo.
La fuente citada señala que la futura empresa mixta dependerá del reparto del capital, la transferencia de competencias y las cláusulas de contenido local. Es justo ahí donde suelen empezar los problemas.
No basta con comprar barcos ni levantar instalaciones. Si los guineoecuatorianos quedan reducidos a mano de obra barata, el proyecto será otra explotación disfrazada de desarrollo.
Guinea Ecuatorial no necesitaba esperar al agotamiento del petróleo para desarrollar una política pesquera seria. Tenía mar, islas, puertos, población costera y necesidad alimentaria.
Lo que no tuvo fue una administración al servicio del país. Tampoco tuvo visión de futuro. Tuvo un poder más interesado en repartir contratos que en construir economía.
Ahora se habla de reducir la importación de pescado, generar divisas y abrir mercados internacionales. Pero la pregunta sigue en pie: ¿cómo pudo un país marítimo depender tanto tiempo de productos que podía producir y transformar?
El mar siempre estuvo ahí. Lo que faltó fue Estado. Y mientras el régimen confunda desarrollo con propaganda, cada “nuevo frente” económico será la misma vieja historia; contratos opacos, promesas infladas y un pueblo mirando cómo otros explotan lo que siempre le perteneció.







