Paysa en Libertad, por fin

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Donato Ndongo

Ayer, horas después de una breve comparecencia ante el Juzgado de Instrucción número 2 de Malabo, Joaquín Eló Ayeto fue puesto en libertad. Lo cual es un alivio para él mismo, una alegría para su familia y una tranquilidad para sus amigos. Toda persona de bien debe congratularse por este final feliz, logrado por su entereza, la profesionalidad de su abogado, el apoyo constante de sus compañeros, la inestimable presión de organismos y organizaciones internacionales y el solidario interés de muchísima gente de distintos países, sensible ante la sistemática conculcación de los Derechos Humanos en Guinea Ecuatorial.

Pero no podemos olvidar el hecho principal: que Paysa Eló ha pasado 27 días detenido injustamente, por defender a ultranza la libertad de expresión. No podemos olvidar que Paysa Eló ha permanecido 27 días privado de libertad por su destacado papel como activista de SOMOS +, asociación de la sociedad civil que desde hace varios años se enfrenta a cara descubierta a la oligarquía intolerante que sojuzga a los guineoecuatorianos. No podemos olvidar que, de nuevo, Paysa Eló ha sido represaliado, hostigado y amenazado por oponerse a los perversos métodos de tan inicua dictadura. Como tampoco olvidamos que Paysa Eló no es el único ciudadano que sufre en carne propia los inhumanos embistes del sistema totalitario instalado en Guinea Ecuatorial desde hace 55 años. Miles de compatriotas abarrotan los penales de Black Beach, Oveng Ansem, Evinayong y otras prisiones clandestinas, donde padecen sevicias sin nombre y muertes espeluznantes.

Pronto, el 12 de octubre, se conmemorará el aniversario de nuestra independencia, secuestrada por una minúscula casta que se apoderó del poder. Cuando el pasado 3 de agosto celebraron la entronización de su actual nomenclatura, muchos recordamos la premonitoria apreciación de un destacado luchador contra la primera etapa de la tiranía, quien calificó de modo gráfico la revuelta palaciega de 1979: «Son los mismos perros con los mismos collares«. El tiempo transcurrido avala aquel criterio profético.

Ante estas realidades, la única pregunta pertinente sigue sin respuesta: ¿Hasta cuándo? Ya no bastan las palabras; ni los cantos de sirena que susurra la satrapía, que lleva 44 años prometiendo libertades que no llegan, ni las ensoñaciones de grupos políticos que claman en el desierto. Algo habrá que hacer. Y doctores tiene la Iglesia.

 

 

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