
Nueve marineros secuestrados en un gasero frente a Guinea Ecuatorial
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Según informan el portal especializado Seatrade Maritime News y fuentes de seguridad marítima consultadas por esta página, un buque de transporte de gas licuado de petróleo (GLP) fue atacado por piratas frente a la costa de Guinea Ecuatorial, con el resultado de nueve tripulantes secuestrados.
Se trata del CGAS Saturn, de bandera portuguesa y operado por la compañía Christiania Gas, del grupo Eitzen. El buque fue abordado en el Golfo de Guinea, a unas 50 millas náuticas al oeste de Mbini, cuando navegaba rumbo a Malabo, capital de Guinea Ecuatorial.
Las primeras informaciones señalan que nueve marineros fueron raptados, mientras que cuatro tripulantes permanecieron a bordo: el segundo capitán, el tercer capitán, un oficial de cubierta y un engrasador. Uno de ellos habría resultado herido de forma leve durante el asalto. Tras el ataque, el barco consiguió dirigirse hacia aguas consideradas seguras, lejos de la zona del secuestro.
En un comunicado citado por la prensa especializada, Christiania Gas ha confirmado el incidente y ha recalcado que su “prioridad principal” es ahora localizar y lograr la liberación de los marineros secuestrados, así como ofrecer apoyo a sus familias. No han trascendido, por el momento, ni la nacionalidad de los rehenes ni las exigencias de los atacantes.
El nuevo secuestro vuelve a poner el foco sobre la inseguridad en el Golfo de Guinea, catalogada durante años como una de las áreas más peligrosas del mundo para la navegación comercial. Aunque las cifras de ataques descendieron tras la presión internacional y algunas operaciones navales coordinadas, los incidentes frente a las costas de Guinea Ecuatorial demuestran que los piratas siguen operando con amplio margen y que los buques que se dirigen a nuestros puertos continúan siendo objetivos vulnerables.
Mientras tanto, el régimen de Malabo presume de acuerdos de “cooperación en seguridad” y de la presencia de mercenarios rusos en la zona, pero en la práctica ni los marineros extranjeros ni los pescadores guineoecuatorianos ven garantizada su protección. Se gasta en propaganda, desfiles y escoltas, pero los corredores marítimos por donde transitan los recursos que sostienen al país siguen expuestos al chantaje de los kalashnikov y las lanchas rápidas.
La pregunta, inevitable, resuena con ironía en los muelles de Malabo y Bata: ¿Y los mercenarios rusos, estarían tomando vodka?







