Malabo: El teatro de sombras del Senado o el arte de legislar para el clan

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Mientras la miseria estrangula al pueblo, la cámara alta de Malabo escenificó, este 24 de marzo de 2026, una nueva sinfonía de obediencia. Entre una “protección social” de fachada y el refuerzo de los cerrojos securitarios, las marionetas del régimen avalaron textos hechos a medida para la supervivencia del sistema Obiang. Una parodia democrática en la que el presupuesto nacional sigue siendo el botín de guerra de una oligarquía insaciable.

Por OLBIF

El decorado está servido, inmutable. Bajo la dirección de Teresa Efua Asangono, fiel entre los fieles y presidenta de un Senado que se parece más a un consejo de familia que a una institución republicana, los proyectos de ley desfilaron como cartas por el correo. Según el Buró de Información y Prensa de Guinea Ecuatorial, fuente oficial de la Presidencia, esta sesión plenaria del martes 24 de marzo tenía como objetivo ratificar tres grandes textos: la protección social, las finanzas públicas y las ordenanzas militares.

En ciencia política, a esto se le llama “parlamentarismo de fachada”. Como decía Montesquieu: “No hay tiranía más cruel que la que se ejerce a la sombra de las leyes y con apariencias de justicia”. En Malabo, la ley no es un escudo para el débil, sino una espada al servicio del poderoso.

La “Protección Social”, el opio de un pueblo hambriento

El texto sobre protección social es una ofensa al sentido común. Cerca del 70% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, a pesar de las riquezas petroleras. Y, sin embargo, Nostriano Javier Afugu, portavoz de la supuesta “coalición democrática”, en realidad una muleta del poder, se atrevió a afirmar que estos servicios son “esenciales para la calidad de vida de los ciudadanos” (fuente: BIPGE).

¿De qué calidad de vida habla? ¿De la de la familia reinante en sus palacios de mármol o de la del ciudadano de New Bili que carece de agua potable? La representante del partido-Estado, el PDGE, Antonina Miko Mikue, dejó al descubierto el verdadero fondo del asunto al precisar que esta ley es “uno de los puntos clave del programa político del partido”. Traducción: se trata de un instrumento de clientelismo electoral para comprar la paz social al menor coste posible.

Finanzas y Ejército, la caja fuerte y el fusil

El capítulo financiero, validado con un entusiasmo sospechoso por Leoncio Feliciano Esono, no hace más que legalizar la opacidad. En Guinea Ecuatorial, las finanzas públicas son una caja negra. Un proverbio de nuestra tierra dice: “No se confía la gestión del gallinero al zorro”. Sin embargo, eso es exactamente lo que hace este Senado al otorgar un cheque en blanco a la gestión desastrosa del clan.

Más inquietante aún es la modificación del decreto-ley n.º 10/1980 sobre las ordenanzas militares. Con el pretexto de un “código de conducta”, como balbuceó Anastasio Asumu Mum, el régimen refuerza el cerrojo sobre su aparato represivo. Para estos “servidores” del palacio, el ejército no está para defender la patria, sino para proteger el trono.

La danza de los estómagos agradecidos

Este teatro de sombras demuestra una vez más que, para los miembros del Gobierno y sus asimilados, la política es una cuestión de estómago. No están ahí más que para Obiang y sus intereses. Como señala el sociólogo Max Weber, estamos ante un “patrimonialismo sultánico”, en el que el Estado pasa a ser la propiedad privada de un solo hombre.

El pueblo observa, en silencio pero con lucidez. Porque si “el bosque tiene oídos”, también tiene memoria. La protección social no se decreta en salones climatizados con discursos vacíos; se vive en el plato del ciudadano.

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