
Libreville mira a Malabo y confunde ajuste contable con austeridad real
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Gabon Media Time plantea si Gabón debe reducir el tren de vida del Estado siguiendo el supuesto ejemplo de Malabo. Pero en Guinea Ecuatorial, la reducción presupuestaria no ha significado recortar los privilegios del clan gobernante, sino maquillar unas cuentas públicas mientras el pueblo sigue cargando con el coste de un Estado convertido en finca familiar.
Según una publicación de Gabon Media Time firmada por Karl Makemba, Libreville afronta un panorama presupuestario cada vez más estrecho, déficit público que podría alcanzar el 10% del PIB en 2026, deuda estimada en torno al 86% del PIB, gastos de personal cercanos a 959,7 mil millones de francos CFA, transferencias de entre 429 y 557 mil millones, más de 400 mil millones en bienes y servicios y unos 419,8 mil millones destinados únicamente al pago de intereses de la deuda. El medio gabonés se pregunta si el Gobierno de Libreville terminará atacando el tren de vida del Estado para reducir un déficit estimado en unos 811 mil millones de francos CFA.
La preocupación no es menor. Reuters informó en marzo de 2026 que Gabón solicitó formalmente un programa al Fondo Monetario Internacional, en un momento en que los inversores y las agencias de calificación observan con inquietud la falta de transparencia de la deuda y la capacidad real del Gobierno gabonés para aplicar reformas fiscales duras. El propio Ministerio de Economía gabonés había presentado para 2026 un proyecto presupuestario de 7.233,3 mil millones de francos CFA, muy superior al de 2024, bajo el argumento de impulsar la inversión pública.
Para sostener su análisis, Gabon Media Time mira hacia Malabo y presenta a Guinea Ecuatorial como un contraejemplo de disciplina presupuestaria. El artículo sostiene que, frente a una caída del 12,5% de los ingresos en 2025, el régimen de Obiang habría reducido el gasto público en un 12%, pasando de 1.429,5 a 1.257,4 mil millones de francos CFA, y habría llevado el déficit de 43 mil millones a solo 44,4 millones de francos CFA. Sobre el papel, la reducción parece espectacular. En la realidad guineoecuatoriana, la lectura exige mucha más prudencia.
Porque en Guinea Ecuatorial una cosa es recortar partidas en los documentos oficiales y otra muy distinta es tocar el verdadero tren de vida del poder. El país no está arruinado por el salario de los funcionarios modestos ni por las pequeñas subvenciones que apenas llegan a la población. Está drenado por décadas de corrupción, empresas públicas convertidas en cajas de reparto, contratos opacos, ceremonias de propaganda, viajes, caprichos palaciegos y una administración diseñada para alimentar al mismo círculo que lleva casi medio siglo confundiendo el Estado con su patrimonio privado.
El propio aparato oficial del régimen anunció en enero de 2026 que Nguema Obiang Mangue había exigido reducir subvenciones, revisar salarios y gastos de empresas con participación estatal, estudiar privatizaciones parciales o totales, reforzar la recaudación fiscal, poner aviones de Ceiba en régimen chárter y revisar las subvenciones a los combustibles. Todo fue presentado como una cruzada por la rentabilidad. Pero la pregunta de fondo sigue intacta, ¿quién convirtió esas empresas en agujeros financieros y quién se benefició durante años de su saqueo?
Ahí está la trampa del relato oficial. El hijo del dictador aparece ahora como bombero de un incendio provocado por el mismo sistema que él representa. Ordena reducir gastos después de haber crecido dentro de un Estado donde el despilfarro no ha sido una anomalía, sino una forma de gobierno. Habla de eficiencia en empresas públicas que nunca funcionaron como instrumentos de desarrollo nacional, sino como espacios de colocación, fidelización política y extracción de recursos.
Por eso, cuando desde Libreville se mira a Malabo como ejemplo, conviene hacer una advertencia; Guinea Ecuatorial no ha demostrado que el poder haya renunciado a sus privilegios. Solo ha demostrado que sabe ajustar cifras cuando la caída de los ingresos petroleros ya no permite sostener el mismo decorado. La austeridad real empezaría por desmontar los privilegios del clan, auditar las fortunas acumuladas, abrir los contratos públicos, revisar las empresas estatales, perseguir el enriquecimiento ilícito y devolver al ciudadano lo que durante años se le ha negado, hospitales dignos, escuelas funcionales, carreteras seguras, agua, electricidad y justicia.
Gabon Media Time utiliza el caso guineoecuatoriano para presionar a Libreville. Esta página lo leería de otra manera, Gabón y Guinea Ecuatorial comparten una enfermedad común en África Central, la existencia de Estados demasiado caros para sus pueblos y demasiado rentables para quienes los controlan. La diferencia es que en Malabo el ajuste no ha tocado el corazón del problema. Ha tocado la contabilidad, no la impunidad.
Mientras el ciudadano guineoecuatoriano sigue pagando precios altos, soportando servicios públicos degradados y viviendo bajo una administración que rara vez rinde cuentas, el régimen vende disciplina fiscal como si fuera una reforma profunda. Pero reducir el déficit no basta si el sistema que produjo el saqueo permanece intacto. En Malabo, el verdadero déficit no es solo presupuestario. Es político, moral e institucional.







