Fachada de un edificio policial en Malabo, donde está retenido un deportado en Guinea Ecuatorial

Un juez de EE. UU. ordena sacar de Guinea Ecuatorial al deportado Ahmed Soliman

Un juez federal obliga a Washington a sacar de Malabo a Ahmed Soliman, el deportado egipcio que el régimen encarceló después de que denunciara a su policía.

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Washington tendrá que ir a buscar a Malabo a un hombre al que deportó y que el régimen de Teodoro Obiang mantiene preso desde que denunció a su policía.

El juez federal estadounidense John C. Hinderaker ha ordenado al Departamento de Seguridad Nacional (DHS) que gestione la liberación de Ahmed Soliman y su regreso a Estados Unidos. Soliman es un ciudadano egipcio que fue deportado a Guinea Ecuatorial este año y sigue preso en el país. La orden obliga a la Administración estadounidense a tramitar también sus documentos de viaje.

Según publica la agencia Reuters, ni el DHS ni el Gobierno guineoecuatoriano respondieron a sus preguntas. El régimen sigue sin explicar de qué acusa a Soliman ni con qué base legal lo retiene. En septiembre solo se le conocía una acusación, la de haber roto un espejo en el ascensor del hotel donde se aloja a los deportados. Su abogado dijo que era un pretexto y que la detención era una represalia por hablar y por los vídeos filtrados.

Reuters consiguió un vídeo en el que se ve a agentes apuntando con armas a varios migrantes, entre ellos Soliman. Poco después de que se publicara, lo detuvieron y lo dejaron incomunicado en el puesto de la gendarmería de La Luna, en Malabo, por donde también han pasado activistas de derechos humanos. Amnistía Internacional denunció que lo tenían allí junto a otro deportado, Samson Birhane, y que la policía les tapó la cabeza con una bolsa y los golpeó. Soliman había contado a un juez de inmigración estadounidense que temía que lo mataran en Egipto por ser gay.

En agosto, Radio Macuto ya contó lo que pasó en el Hotel Bamy la noche del 31 de julio. Decenas de hombres armados sacaron a cinco deportados de sus habitaciones a punta de pistola, y Soliman denunció que le golpearon las piernas cuando intentó grabarlo. La abogada Meredyth Yoon contó entonces que a un letrado que intentaba visitar a Soliman le habían negado la entrada. Añadió que llevaba más de tres meses retenido, por encima del límite de 60 días que fija la ley guineoecuatoriana. Estados Unidos ya suma cinco vuelos de deportación hacia Guinea Ecuatorial, y Human Rights Watch cuenta 536 personas enviadas a países africanos que no son el suyo entre enero de 2025 y agosto de 2026.

Malabo aceptó recibir a los deportados de Washington y los trata como trata a sus propios críticos. Ha tenido que ser un juez extranjero quien reclame lo que ningún tribunal guineoecuatoriano se atreve a pedir.

Llegó en un avión estadounidense, grabó a la policía y acabó en una celda. Lo único de lo que le acusan oficialmente es de haber roto un espejo.

¿Cuántos espejos rotos hacen falta para callar a un testigo?

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