Honorato Evita Oma y el ministerio convertido en campo de miedo, intrigas y ruina institucional

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Aquí presentamos la situación de caos que, según múltiples testimonios internos, reina en uno de los ministerios más sensibles del país; el de Transportes, Telecomunicaciones y Sistemas de Inteligencia Artificial. Se trata de un departamento llamado a custodiar áreas estratégicas para Guinea Ecuatorial, economía azul, digitalización y desarrollo numérico, y que, sin embargo, aparece descrito por quienes lo conocen por dentro como un espacio degradado, crispado y gobernado por el temor.

Para esas fuentes, el principal responsable de esta deriva tiene un nombre, Honorato Evita Oma, quien entró en 2018 como Secretario de Estado y hoy ostenta la responsabilidad de ministro titular. Y lo que relatan quienes han pasado por su entorno no es la historia de un gestor firme, sino la de un dirigente que habría ido arrasando con todo lo que tenía alrededor: equipos, equilibrios internos, carreras profesionales y, sobre todo, la posibilidad de trabajar con normalidad.

Evita Oma se presenta como economista, con estudios realizados en España. Se afirma que obtuvo su título en una universidad de Santander y que completó un máster en alguna universidad de Murcia. Sobre la veracidad y el detalle de esa trayectoria, cualquiera puede verificar lo que sea verificable por vías documentales. Pero lo más grave aquí no es un currículum, sino el retrato humano y laboral que dibujan quienes lo tratan o lo han sufrido.

La pregunta que se repite en boca de muchos, y que condensa el clima descrito, es incómoda: ¿gran político es lo mismo que un habilidoso manipulador y brujo?

Según los relatos que circulan desde hace años, en el personaje confluirían prácticas de control personal e intimidación, y un recurso persistente al esoterismo. Se habla de marabúes ocultos en sus casas de Malabo y Bata, y también se repite que, siempre que puede, se escapa de Malabo para ir a bañarse con todo tipo de cosas raras en Bata, Río Campo y Kribi. En esos mismos relatos aparece la referencia a los pigmeos, famosos, según esas versiones, por este tipo de prácticas.

Las mismas voces añaden que tendría una segunda mujer a la que habría construido una mansión en Bata, y que sería ella quien le acompaña en estos rituales, en detrimento de su primera esposa, descrita por quienes comentan el asunto como menos ducha en esos mundos de la oscuridad. Se menciona incluso que, en alguna ocasión, la mujer habría estado internada en el psiquiátrico de Sampaka. Son afirmaciones graves y, precisamente por eso, este medio las presenta como lo que son, relatos extendidos en entornos administrativos y sociales, sin que exista un marco institucional fiable que permita confirmarlas o desmentirlas con transparencia.

A ello, se recuerda un episodio citado por funcionarios como ilustración de la forma de operar del personaje. Hablan de lo ocurrido con el entonces alcalde de Bata, a quien, según esos testimonios, tras haber accedido a la alcaldía de su mano, habría terminado defenestrando mediante prácticas brujeriles y la creación de un ambiente laboral irrespirable.

Crear ambientes de trabajo irrespirables aparece, de hecho, como otra de sus especialidades. Fuentes internas sostienen que acosa a todos sus subordinados, desde el primero hasta el último, y que pasa gran parte del tiempo realizando conjuros en su oficina y en todo el recinto ministerial. En la retina de muchos permanece también el supuesto acto de vandalismo ocurrido a finales de 2020 en el Ministerio de Transportes. En aquel momento, Rufino Ovono era el ministro titular y Evita Oma su adjunto.

La versión que se repite es llamativa; supuestos ladrones habrían entrado en el ministerio y habrían revuelto todos los despachos menos el suyo, cebándose especialmente con el despacho del ministro titular. Y lo más curioso, según esa narración, es que los ladrones no se llevaron nada. Fueron despacho por despacho, removieron cajones y no se llevaban nada. Solo descolgaban la foto del Jefe de Estado de la pared y la dejaban en el suelo.

Después, aseguran esas mismas fuentes, se supo que los rituales se habrían hecho en el despacho del ministro. A partir de entonces, afirman, Rufino Ovono no habría vuelto a estar sano. Se dice que habría acudido a hospitales de Europa, África, Oriente Medio y Asia sin que se le encontrara nada, y que la explicación que circuló fue la de una brujería realizada en la oficina. En ese relato, el dedo acusador apunta siempre en la misma dirección.

Más allá de lo esotérico, que pertenece al terreno de las creencias, aparece otro patrón descrito por múltiples voces; el de un acusador y manipulador profesional. Se le presenta como comprador de voluntades y, en definitiva, como un trepa. Se le atribuye una implicación destacada en acusaciones lanzadas contra figuras del sector y del Gobierno, entre ellas los entonces ministros Eucario Bakale y Rufino Ovono; el entonces director del órgano regulador de telecomunicaciones, Hermógenes Nzang Esono; la entonces directora general del Consejo de Cargadores Marítimos de Guinea Ecuatorial, entre otros.

En el caso del exministro Rufino Ovono, se afirma que llegó a conseguir el encarcelamiento de su mujer y que estuvo igualmente a punto de conseguir el encarcelamiento del propio Rufino. Sin embargo, añaden quienes relatan estos episodios, tanto en el caso de Eucario Bakale como en el de Rufino Ovono no se encontraron suficientes pruebas para incriminarlos.

También se le atribuye haber conseguido la defenestración de Hermógenes Nzang, quien acabó encarcelado en Black Beach porque, según este relato, no quiso compartir ciertos dineros con él. Por entonces, Evita Oma era Secretario de Estado encargado de Correos y Hermógenes Nzang era director ejecutivo de GECOTEL.

Uno de los temas de discordia fue una suma de 130.000.000 de francos CFA que el Gobierno habría desbloqueado para el pago de todas las obligaciones atrasadas que el personal de GECOTEL tenía con INSESO y con Hacienda. Dichos fondos, según los testimonios, se evaporaron y dieron pie a una lucha feroz entre ambos, hasta que Hermógenes Nzang acabó con sus huesos en la cárcel y después se exilió en España.

Ya como ministro titular, Evita Oma ha tenido como viceministros a Cándido Muatetema y Alberto Ndong. Sus Secretarios de Estado han sido Juan Carlos Abia y José Ekoo. Funcionarios y directivos describen un clima de acoso y maltrato psicológico en el que el insulto y el desprecio serían la moneda más corriente. Se menciona también el caso del Secretario General del Ministerio, quien habría sufrido varios infartos de miocardio el año pasado.

Los mismos testimonios sostienen que, en los consejos directivos, pese a tratarse de un órgano colegiado y deliberativo, solo habla y vale lo que dice el ministro. Ninguna otra opinión sería válida. La relación con otros miembros del Gobierno tampoco sería buena. Se citan exabruptos en consejos interministeriales, palabras de desprecio hacia otros ministros y un estilo conflictivo que, lejos de fortalecer la coordinación institucional, la debilitaría.

Todo ello compone el retrato de un fenómeno en su totalidad, según quienes lo describen. Esta publicación no pretende dictar condenas ni sustituir procedimientos que deberían existir. Pretende mostrar a la opinión pública cómo se instala el miedo en un ministerio llamado a ser motor de modernización y termina convertido, según testimonios internos, en un espacio de intrigas, intimidación y desgaste.

No se trata de difamar a nadie, sino de mostrar al pueblo el tipo de gentuza política y administrativa con la que se ha contado para arruinar un Estado próspero.

Y esto no termina aquí. Habrá otra entrega centrada en el mismo personaje, con más testimonios y más detalles sobre su forma de operar y sobre las consecuencias humanas e institucionales de un mando ejercido desde la intimidación.

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