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El INEGE vende la entrada de Guinea Ecuatorial en la Comisión de Estadística de la ONU como una consagración técnica del país. Pero la propia nota oficial tropieza con una contradicción elemental sobre la duración del mandato y llega en un momento en que el FMI sigue advirtiendo de carencias serias en la consistencia, oportunidad y calidad de varios datos nacionales.
Según una nota difundida por el Instituto Nacional de Estadística de Guinea Ecuatorial, el país ha sido elegido miembro de la Comisión de Estadística de Naciones Unidas para el período 2027-2030, una designación que, según el organismo, se produjo el 9 de abril en Nueva York durante una sesión plenaria del ECOSOC. El INEGE presenta el nombramiento como una prueba de “prestigio internacional” y como respaldo a su supuesto compromiso con la producción de datos fiables.
El hecho, en sí mismo, tiene peso institucional. La Comisión de Estadística es el espacio donde se discuten y aprueban estándares internacionales sobre cómo medir la realidad económica, social y demográfica de los países. La candidatura guineoecuatoriana, además, ya figuraba entre las respaldadas por la Unión Africana junto a Argelia y Costa de Marfil para el mandato 2027-2030.
Pero una cosa es el asiento y otra muy distinta el relato triunfalista con el que la maquinaria oficial intenta envolverlo. El titular de la nota del INEGE proclama que Guinea Ecuatorial entra en la Comisión “para un período de tres años”. Sin embargo, en el mismo texto se afirma que el mandato irá del 1 de enero de 2027 al 31 de diciembre de 2030. No hacen falta grandes especialistas para detectar el problema; eso no suma tres años, sino cuatro. Cuesta hablar de rigor estadístico cuando la primera cifra que se descuadra es la del propio anuncio.
INEGE presume de avances desde su instalación efectiva en 2015 y enumera operaciones como el censo de empresas, la segunda encuesta nacional de hogares y publicaciones periódicas mensuales, trimestrales, semestrales y anuales. En efecto, el instituto viene difundiendo series como las cuentas nacionales trimestrales y la inflación mensual, y Guinea Ecuatorial participa desde 2019 en el sistema e-GDDS del FMI para la difusión de datos macroeconómicos esenciales.
El problema empieza cuando esa actividad se intenta vender como sinónimo automático de fiabilidad plena. En su evaluación de 2025, el FMI fue bastante más sobrio que la propaganda local, reconoció que los datos macroeconómicos están “ampliamente disponibles”, pero subrayó deficiencias en todos los sectores y señaló fallos graves en las estadísticas del sector exterior. El organismo advirtió de inconsistencias entre los datos del INEGE y los del banco central regional, retrasos importantes y una falta de detalle que dificulta el análisis serio de la economía. Lo más demoledor es que las últimas estadísticas observadas del sector exterior disponibles para esa evaluación se referían todavía a 2021.
Ni siquiera la estadística de precios escapa a ese cuadro de fragilidad. El propio FMI recomendó publicar la nueva encuesta de gasto de los hogares para poder actualizar el índice de precios al consumo, una señal clara de que el edificio estadístico sigue necesitando reformas básicas antes de venderse como ejemplo de solidez.
Así que la elección en la Comisión de Estadística de la ONU puede interpretarse como un reconocimiento diplomático y técnico limitado, pero no como un certificado de excelencia para el sistema estadístico guineoecuatoriano. Lo que ha hecho el INEGE con esta noticia es lo que mejor sabe hacer el poder en Malabo cuando consigue una foto internacional, convertir un asiento institucional en una campaña de autopromoción, aunque las grietas de fondo sigan ahí, visibles incluso en el propio texto con el que intentan celebrar la hazaña.