El Banco Mundial admite que el modelo económico de Guinea Ecuatorial está agotado

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Según un análisis publicado por Afrimag el 7 de abril de 2026, la visita del vicepresidente del Banco Mundial para África Occidental y Central, Ousmane Diagana, ha dejado en Malabo un mensaje que ni la propaganda oficial puede maquillar: Guinea Ecuatorial necesita reinventar su economía. La apertura de la primera representación local del organismo y la preparación de su primer marco formal de cooperación con el país muestran que incluso los socios internacionales del régimen ven agotado el viejo esquema basado en petróleo, hormigón y apariencia.

La visita de Ousmane Diagana no fue una simple foto de cortesía con Teodoro Obiang. Lo que ha dejado sobre la mesa es algo mucho más incómodo para el régimen; hasta el propio Banco Mundial considera que Guinea Ecuatorial ha llegado a un punto en el que ya no puede seguir dependiendo del mismo modelo que durante años se vendió como éxito nacional. Afrimag lo resume como un giro decisivo, y la frase no es exagerada. El organismo habla ya de una presencia más estable en Malabo y de la preparación de un marco de alianza país, es decir, de un plan formal para acompañar prioridades de desarrollo que antes se despachaban entre visitas esporádicas y discursos vacíos.

El mensaje es todavía más claro cuando se mira lo que Diagana puso como prioridades, acceso a la energía y al agua, fortalecimiento del capital humano y creación de oportunidades económicas en la región continental. Que ésos sean hoy los ejes de la conversación revela hasta qué punto el supuesto “milagro” guineoecuatoriano dejó sin resolver lo esencial. Después de décadas de ingresos petroleros extraordinarios, el país sigue teniendo déficits en servicios básicos, formación y empleo. Dicho de otro modo, se levantaron carreteras, edificios y escaparates, pero no se construyó una economía capaz de repartir bienestar real entre la mayoría de los guineoecuatorianos.

El Banco Mundial ya había dicho esto con bastante claridad en marzo de 2025, cuando publicó su primer Memorando Económico sobre Guinea Ecuatorial. Allí sostuvo que el país necesita con urgencia un nuevo modelo de desarrollo, porque la caída de los ingresos del petróleo, unida al fracaso de la diversificación, ha provocado una recesión prolongada, ha revertido avances económicos y ha puesto en riesgo el progreso social. No se trata, por tanto, de una impresión pasajera nacida de una visita diplomática, es un diagnóstico oficial, escrito y repetido por la propia institución.

Las cifras retratan con dureza ese agotamiento. El Banco Mundial señaló que los hidrocarburos todavía representan alrededor del 39% del PIB, el 76% de las exportaciones y cerca del 86% de los ingresos públicos, pero generan pocas oportunidades de empleo. También recordó que la renta por habitante ha caído por encima del 50% desde su máximo de 2008. En su actualización económica de 2025, el organismo añadió otro dato demoledor, la economía apenas creció un 0,9% en 2024, un nivel insuficiente para sostener el nivel de vida, mientras más de la mitad de la población seguía en situación de pobreza y el desempleo rondaba el 14% de la fuerza laboral.

Eso explica por qué el discurso internacional sobre Guinea Ecuatorial ya no gira únicamente alrededor de las infraestructuras. El Banco Mundial reconoce que el país incrementó su capital físico durante años gracias a una fuerte inversión en obras, pero también subraya que ese esfuerzo no vino acompañado de un desarrollo humano acorde con su nivel de ingresos. En educación, salud y protección social, el retraso sigue siendo notorio. El memorando recuerda, por ejemplo, que el gasto público en educación fue de apenas el 0,9% del PIB en 2022 y el de salud del 0,7%, mientras la asistencia social se sitúa entre las más bajas del mundo. Ahí está el verdadero balance del modelo: mucha fachada, poca base social.

La institución también enumera las reformas que considera imprescindibles, disciplina fiscal, mejora de la gestión de las finanzas públicas, aumento de los ingresos no petroleros, reducción de privilegios y exenciones, pleno funcionamiento de la Comisión Anticorrupción, refuerzo estadístico, mejor clima de negocios y más inversión en capital humano. Traducido al lenguaje común, el problema de Guinea Ecuatorial no es solo que el petróleo ya no alcance; es que durante demasiado tiempo el país fue administrado como un botín, no como una economía pensada para generar oportunidades estables fuera del círculo del poder.

La actualización económica de julio de 2025 añade que el crecimiento seguirá bajo presión y proyecta una contracción media del PIB del 1,2% entre 2025 y 2027, con riesgos asociados al declive acelerado del sector de hidrocarburos y a los retrasos en la diversificación. También insiste en que se necesitan reformas robustas para diversificar la economía y las fuentes de ingresos, fortalecer la disciplina fiscal, mejorar la gestión pública y promover una administración más transparente de los recursos naturales. Cuando un organismo como el Banco Mundial insiste una y otra vez en estas mismas recetas, lo que está diciendo es que el modelo vigente ya no da más de sí.

La noticia, por tanto, no es que un alto cargo internacional haya pasado por Malabo y haya sonreído ante las cámaras. La noticia es que incluso una institución tan cauta como el Banco Mundial admite ya, sin rodeos diplomáticos excesivos, que Guinea Ecuatorial necesita reinventar su economía. El petróleo mengua, la diversificación no llega, la pobreza persiste y el empleo no aparece. Todo lo demás, las ceremonias, los comunicados triunfalistas y las fotos de rigor, pertenece al viejo teatro de siempre.

El problema es que, esta vez ,hasta los de fuera parecen haber entendido que el decorado ya no se sostiene.

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