Guinea Ecuatorial acelera el traslado de su capital a Oyala en medio de críticas por despilfarro y opacidad

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El régimen de Teodoro Obiang Nguema ha intensificado el traslado simbólico y administrativo de la capital de Guinea Ecuatorial desde Malabo, en la isla de Bioko, hacia la ciudad de Oyala, rebautizada como «Ciudad de la Paz»( igual sea la paz de los antílopes ), situada en pleno bosque tropical del continente. El anuncio oficial se hizo en 2017, pero en los últimos días confirman un nuevo impulso a este proyecto faraónico, que sigue generando polémica tanto dentro como fuera del país.

Según recoge el medio alemán Africa Live, la decisión de reubicar la sede del gobierno responde a supuestas razones geográficas y de seguridad, aunque detrás se esconden motivaciones profundamente políticas. Malabo, separada del continente por más de 250 kilómetros de mar, es descrita por el régimen como vulnerable a “amenazas externas”. Oyala, en cambio, está situada en el corazón del feudo familiar del dictador, en Wele-Nzas, una zona controlada férreamente por los aparatos represivos del Estado y de la República vecina Gabón.

Desde 2012, el régimen ha canalizado miles de millones de dólares hacia la construcción de esta nueva capital en la selva, donde se han levantado edificios ministeriales, carreteras, universidades, hoteles de lujo y viviendas para altos funcionarios. La empresa estatal china China State Construction Engineering Corporation (CSCEC) ha ejecutado gran parte de las obras, adjudicadas sin licitación ni fiscalización alguna. «Elefantes blancos», lo definieron los entendidos.

El resultado, más de una década después, es una ciudad fantasma. Las calles están desiertas, los edificios prácticamente vacíos y el entorno carece de servicios básicos. “Una capital para fantasmas”, tituló en su día la prensa francesa. El contraste con la realidad del país es brutal: hospitales sin medicamentos, escuelas sin maestros, barrios sin agua ni electricidad y una juventud sin futuro.

Mientras tanto, algunos ministerios han comenzado a trasladar oficinas a Oyala, aunque la mayor parte del poder real sigue operando desde Malabo. El modelo de doble capitalidad, similar al de países como Sudáfrica, no responde a un criterio funcional sino al control territorial, a la seguridad del clan y a una lógica de aislamiento.

Numerosas voces de la sociedad civil han denunciado que la nueva capital no es más que un capricho personal de Obiang, diseñado para blindar su poder lejos del escrutinio ciudadano y en un entorno dominado por el miedo. Además, su ubicación alejada de la costa y de los centros urbanos dificulta el acceso de medios de comunicación, organismos internacionales y observadores independientes.

Mientras los hospitales públicos no tienen medicamentos y las escuelas carecen de maestros, el régimen construye palacios en la selva”, denuncia un activista guineoecuatoriano exiliado.

Pero más allá del despilfarro, la historia parece repetirse con inquietante similitud. Francisco Macías Nguema, el dictador que precedió a Obiang y que fue derrocado por él en 1979, también trasladó la sede de su régimen a su pueblo natal, Nzangayong, desde donde gobernó hasta su caída. Ahora, Teodoro Obiang, que le ha copiado todo: desde los títulos rimbombantes hasta los gestos de culto a la personalidad, parece dispuesto a imitarle también en el ocaso. ¿Será que, como su tío y promotor, planea morir en la soledad de su aldea-fortaleza? ¿Hasta en eso quiere parecerse?

Por encima de los 90 años y más de cuatro décadas en el poder, Teodoro Obiang Nguema parece decidido a dejar como legado una capital que no responde a las necesidades del país, sino a su vanidad y su miedo. Para la mayoría de la población guineoecuatoriana, Oyala representa una capital que no les pertenece, una ciudad construida no para el pueblo, sino contra él.

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