Gregorio Mesian sigue en Black Beach mientras su salud se apaga y su caso desaparece del listado

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Según informaciones recabadas por esta página a través de fuentes penitenciarias, el empresario Gregorio Mesian Ada, conocido como “Goyo”, continúa encerrado en la prisión de Black Beach sin que se haya celebrado juicio ni se le haya ofrecido una vía real para esclarecer su situación, pese a que, en las últimas semanas, varios jueces se han desplazado a la prisión para revisar expedientes de detenidos pendientes de enjuiciamiento con el objetivo de “descongestionar” casos antes de la visita del Papa.

En ese desfile de expedientes y rostros, el nombre de Goyo no aparece. Y lo que más inquieta a su entorno no es solo el silencio institucional, es el tiempo. Es el desgaste. Y es, sobre todo, su estado de salud, cada día más precario.

La historia de Goyo ya no admite maquillajes. El 8 de julio de 2025, según documentación interceptada por nuestras fuentes y citada previamente por este medio, desde la Presidencia se transmitió una orden de liberación y restitución del dinero incautado; en la nota manuscrita se leía: “Que sea liberado y que se restituya su dinero en cuanto antes”. La orden se ejecutó… a medias. Mesian solo estuvo ocho horas en su casa; al día siguiente fue llamado de nuevo a la Gendarmería y quedó otra vez detenido “por orden del vice”, permaneciendo desde entonces tras las rejas.

Hoy, más de siete meses después de aquella orden escrita, y con la visita papal ya fechada, la maquinaria judicial se mueve… pero no para él.

Radio Macuto no necesita adornar esta historia con liturgias ni con relatos oficiales; el caso Mesian se explica por sí solo. Un ciudadano entra en el engranaje, se le confisca dinero, se le priva de libertad durante meses, y cuando aparece una instrucción formal que ordena su liberación, alguien decide que esa orden no vale nada. El resultado es un hombre encerrado, enfermo, y un expediente que se maneja como si fuera propiedad privada.

Mesian no llegó a Black Beach de un día para otro. Antes pasó por la Gendarmería, por dependencias conocidas popularmente como “Guantánamo”, un tramo del circuito represivo donde el tiempo se estira y la ley se encoge. El mensaje que sale de ahí es el mismo que conocen demasiados guineoecuatorianos; en Guinea Ecuatorial se puede entrar en una celda por una orden, pero no se sale por un papel.

A partir de ese punto, todo encaja con una lógica que el régimen no quiere confesar pero practica sin pudor; mantener preso al dueño de un bien incautado para evitar que lo reclame. En el caso de Gregorio Mesian, el núcleo de la tragedia no es un delito probado, porque no lo hay, sino el destino del dinero que fue tomado durante su detención. Si lo liberan y lo colocan frente a un juez con garantías mínimas, la pregunta será inevitable, ¿dónde está el dinero?

Según las informaciones internas, ese dinero ya no está disponible para ser devuelto. No se “extravía” en un cajón; se evapora en un sistema donde la confiscación se convierte en botín y el preso, en rehén. En palabras que circulan en el entorno del caso, el objeto de su detención habría desaparecido “entre las juergas” de quienes más interés tienen en que Mesian siga dentro. Dicho de otra manera, no lo pueden soltar porque tendrían que restituir lo incautado, y lo incautado ya no existe.

Este es el punto donde el encarcelamiento deja de parecer una medida cautelar y se revela como lo que es, una retención con finalidad económica. Por eso su nombre no “aparece” cuando se revisan expedientes. Por eso su caso se desliza fuera del circuito de los que se despachan rápido. Por eso el tiempo se vuelve herramienta de presión.

Y mientras esa operación se consolida, hay un factor que convierte la omisión en una urgencia moral, la salud.

Gregorio Mesian arrastra una condición médica que requiere medicación y seguimiento constante. En prisión, ese tipo de necesidad se transforma en un castigo añadido, la atención sanitaria no funciona como derecho, sino como permiso; el tratamiento no se garantiza, se negocia; y el deterioro físico se normaliza como parte del encierro. Hoy, quienes hablan con su entorno repiten un temor simple y brutal, que el sistema esté apostando a que el cuerpo haga el trabajo que la ley se niega a hacer.

El caso Mesian también expone una fractura institucional que ya ni siquiera se disimula. Si una instrucción transmitida desde la Presidencia pudo ser neutralizada en cuestión de horas, queda claro que el Estado opera por impulsos y por cadenas informales, no por normas. La justicia, cuando se asoma, lo hace a ratos; cuando estorba, se aparta; cuando toca intereses de los corruptos, se convierte en decoración.

Black Beach sigue llena de expedientes sin juicio, de detenciones sin base, y de vidas que se consumen sin que nadie dé la cara. El caso de Gregorio Mesian Ada es uno de esos expedientes que el régimen querría esconder precisamente porque es demasiado fácil de entender.

Que Mesian sea presentado ante autoridad judicial competente con acceso efectivo a defensa; que se ordene una evaluación médica independiente y se garantice su tratamiento; y que se esclarezca, de una vez, el destino del dinero incautado.

Todo lo demás, los silencios, las listas donde su nombre no figura, las revisiones que lo saltan, confirma lo que tantos guineoecuatorianos ya saben, en Guinea Ecuatorial la prisión no siempre castiga delitos; muchas veces protege a quienes se quedan con lo que no es suyo. Y mientras eso siga así, Black Beach no será una cárcel, será la caja fuerte de los corruptos; su encierro es el candado que protege a quienes se repartieron lo incautado.

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Un comentario

  1. Buenos días, estoy desempleado desde hace 3 años, tengo completado mi cuota de cotización que exige Inseso, que son 10 años como mínimo, pero tengo cotizado 15 años, no tengo ahora ni para comer ni cuidar a mi familia, llego en Inseso me dicen que no tengo derecho de mi pensión hasta que cumpla los 60 años, si me pueden ayudar hacer extensivo esta miseria que estoy sufriendo.ANONIMATO

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