Teddy apunta a Francisco Evuy para asaltar la Corte Suprema

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Francisco Evuy aparece en el centro de la maniobra abierta por Teddy tras la supuesta filtración de una entrevista de la TVGE. Hilario Mitogo figura como pretexto, pero el verdadero objetivo político es el presidente de la Corte Suprema de Justicia, una pieza del padre que el heredero impuesto quiere sustituir por alguien de su propio corral de ASHO.

La publicación de Teddy en X sobre la supuesta filtración de una entrevista grabada por la televisión pública no interesa por su habitual verborrea penal. Lo importante no está en los artículos del Código Penal que cita, ni en su intento de vender el caso como una defensa de los “filtros administrativos” de la TVGE. Lo importante está en el nombre que él mismo introduce en el recorrido del material, Francisco Evuy, presidente de la Corte Suprema de Justicia.

Según el relato difundido por Teodorín, la Gendarmería habría detectado una llamada de WhatsApp de apenas diez segundos entre Hilario Mitogo, director general de prensa de la Corte Suprema, y Francisco Evuy. Un minuto después, siempre según esa versión, Hilario habría enviado la entrevista al propio Evuy.

Ese detalle cambia por completo la lectura del caso. Si el material llegó al presidente de la Corte Suprema antes de su emisión oficial, el asunto ya no puede reducirse a una simple filtración de imágenes. El centro político no está en Hilario Mitogo. Hilario es el hilo. Francisco Evuy es el nudo.

Pero hay una pregunta que el relato del hijo del dictador no responde: ¿cómo “detectó” la Gendarmería esa llamada de WhatsApp? Una comunicación de ese tipo no aparece en una sábana telefónica ordinaria como una llamada convencional. Para hablar con tanta precisión de una llamada de diez segundos y de un envío posterior, los investigadores tuvieron que acceder al teléfono, al registro de WhatsApp o a algún sistema de vigilancia previo.

Ahí empieza otra zona oscura del caso. ¿El teléfono de Hilario Mitogo ya estaba intervenido antes de la supuesta filtración? ¿Fue requisado después de ser señalado? ¿Existió alguna autorización judicial para revisar sus comunicaciones privadas? ¿También fue revisado el teléfono de Francisco Evuy, supuesto receptor del material, o solo se examinó el aparato del funcionario que ahora quieren presentar como culpable?

Si Hilario ya estaba vigilado, habría que explicar por qué y desde cuándo. Si su teléfono fue requisado después, habría que saber bajo qué garantías se hizo. Y si solo se usó su dispositivo para construir el relato, entonces la investigación puede estar sirviendo menos para aclarar una filtración que para fabricar una ruta política hacia Francisco Evuy.

El heredero impuesto intenta presentar a Hilario como culpable principal. Pero, al hacerlo, termina colocando a Evuy en el centro del escándalo. Y eso ocurre en un momento en el que la pelea por el control de las instituciones se vuelve cada vez más visible dentro del propio régimen.

Francisco Evuy no pertenece al corral de ASHO. Está en la presidencia de la Corte Suprema por su vieja complicidad con Teodoro Obiang Nguema Mbasogo. Es una pieza del padre, no necesariamente del hijo. Y esa diferencia pesa mucho en una dictadura donde cada silla importante se mide en clave de sucesión, blindaje e impunidad.

Esta redacción tuvo conocimiento meses atrás de un choque muy serio entre el Hermano mayor de ASHO y Francisco Evuy. Según fuentes consultadas por Radio Macuto, ambos estuvieron a punto de llegar a las manos por la situación de las cárceles, saturadas de presos preventivos sin juicio y de condenados que, aun teniendo sentencia, seguían encerrados por no haber pagado el “impuesto” exigido desde el entorno del heredero impuesto.

La tensión entre ambos no nace con la filtración de esta entrevista. La filtración parece más bien la excusa perfecta para sacar a la superficie una guerra interna que ya venía de atrás.

La Corte Suprema es una pieza demasiado importante para dejarla fuera del control directo del aspirante a dueño total del Estado. Desde ahí se administran expedientes, silencios, prisiones, sentencias y favores. También desde ahí se puede incomodar a quien pretende heredar Guinea Ecuatorial como si fuera una finca familiar.

Por eso, el caso Hilario-Mitogo-Evuy debe leerse con más cuidado. No parece una simple rabieta por una entrevista que circuló antes de tiempo. Parece una operación de desgaste contra Francisco Evuy, con Hilario como puerta de entrada y con la Corte Suprema como verdadero botín.

El objetivo final sería abrir el camino para colocar en ese cargo a alguien más cercano al entorno de ASHO, esa cantera de descerebrados donde el régimen fabrica lealtades juveniles al servicio del clan. Para el vicepresidente de su padre, Evuy representa una pieza vieja, heredada del viejo, incómoda para sus planes y situada en una institución que quiere dominar sin intermediarios.

También resulta revelador que el niño mimado hable de “oposición radical”. En su lenguaje, radical es todo aquel que no se arrodilla. Radical es quien no pide permiso para denunciar. Radical es quien publica lo que el poder quiere esconder. Radical es quien no acepta hacer de comparsa en el decorado democrático del régimen.

Entonces la pregunta se impone sola, si la oposición crítica es “radical”, ¿cuál es la otra? ¿La oposición mansa? ¿La domesticada? ¿La que el régimen tolera porque no toca los nervios reales del poder? ¿La que sirve para vender fuera una apariencia de pluralismo mientras dentro se persigue a quien informa?

La acusación contra Hilario Mitogo puede servir para llenar titulares y fabricar un culpable cómodo. Pero el dato político está en Francisco Evuy. El propio hijo del dictador ha puesto su nombre sobre la mesa. Y cuando en el régimen alguien es señalado de esa manera, rara vez se trata de una casualidad.

Hilario es el pretexto. Evuy es la presa. La Corte Suprema es el botín. Y el hijo del dictador ya ha empezado a mover la maquinaria para sustituir a los hombres del padre, por piezas de su propio corral.

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