Corisco, el nuevo espejismo ruinoso de la dinastía Obiang

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Mientras las condiciones de vida de la población se deterioran, el régimen de Malabo insiste en convertir la isla de Corisco en un santuario de lujo. Entre infraestructuras faraónicas y promesas digitales, el proyecto no es más que otra operación de prestigio destinada a alimentar el ego del clan en el poder, lejos de las necesidades reales de los ciudadanos.

Por OLBIF

El Palacio del Pueblo volvió a resonar este martes con las órdenes tajantes de Teodoro Nguema Obiang Mangue. En una puesta en escena ya conocida, el “vicepresidente”, ese título pomposo detrás del cual se esconde el hijo del dictador, exigió acelerar los trabajos en la isla de Corisco.

Bajo el disfraz del “desarrollo turístico” y la “conectividad”, el régimen despliega medios colosales para transformar esta joya natural en un enclave de lujo. Como siempre, los beneficios reales escaparán a la gran mayoría de los guineoecuatorianos.

El arte de distraer con cemento

El nuevo muelle, confiado a la empresa Somagec, avanza. El complejo administrativo también se acerca a su fase final. Para el clan Obiang, se trata de levantar un escaparate moderno, un decorado brillante con el que tapar el deterioro del país.

La orden de poner en marcha una conexión aérea semanal y el estudio para instalar un cable submarino de fibra óptica no responden al aislamiento de las poblaciones olvidadas de nuestras provincias. Sirven, sobre todo, para asegurar el acceso de los corruptos del poder y de sus socios de negocio.

Al ordenar a sus esbirros de GE-Proyectos y del Ministerio de Obras Públicas que “verifiquen el estado real de los trabajos”, el hijo del dictador confirma una vez más que la gestión del Estado funciona como un asunto familiar. No hay aquí un verdadero plan de desarrollo nacional. Hay una vigilancia estrecha de las inversiones del clan.

Un futuro para quién

El Gobierno habla de “dinamizar la economía” y de atraer visitantes. Pero, ¿qué economía? ¿La que llena los bolsillos de los dignatarios mientras nuestros compatriotas apenas pueden acceder a una sanidad básica y a una educación digna?

El contraste resulta brutal. Mientras el régimen presume de proyectos de fibra óptica hacia Corisco, el resto del país sigue asfixiado por la corrupción institucionalizada y la represión política.

Corisco va camino de convertirse en el último juguete de una casta desconectada de la miseria general. Es el síndrome clásico de la dictadura: levantar castillos de arena frente al mar antes que construir los cimientos de un Estado democrático y próspero para todos.

En Malabo, la prioridad sigue intacta, prestigio vacío, cemento para la propaganda y lujo para los mismos de siempre. Todo, mientras el espejismo espera derrumbarse bajo el peso de su propio desprecio hacia el pueblo.

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