Nombramientos y gobiernos de Obiang en Guinea Ecuatorial

¿Sirve una Plataforma de Oposición Conjunta de iniciativa guineoecuatoriana?

La POC marcó un momento decisivo de la oposición guineoecuatoriana, pero nació en una coyuntura internacional muy concreta. Amancio Edú analiza aquella experiencia y plantea si hoy es posible construir una plataforma conjunta concebida desde Guinea Ecuatorial.

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La respuesta es sí, pero para que sirva, tiene que ser nuestra. Y para entender por qué, hay que desmitificar la Plataforma de Oposición Conjunta (POC).

Durante años hemos vivido de la nostalgia de la POC como si fuera la prueba de que los guineoecuatorianos sí sabemos unirnos. La verdad histórica es más incómoda, la POC no nació de una maduración autónoma de la oposición interior. Nació porque el mundo cambió y Guinea no tuvo más remedio que cambiar con él.

El viento que venía de fuera

Tres hechos entre 1989 y 1990 reordenan África:

Primero, la caída del Muro de Berlín. Sin la coartada de la Guerra Fría, las dictaduras africanas dejan de ser útiles para Occidente.

Segundo, el modelo de Benín. Del 19 al 28 de febrero de 1990 se celebra la Conferencia de las Fuerzas Vivas de la Nación. La República Popular de Benín, a raíz de esa conferencia, se convirtió en la República de Benín. Un nuevo Gobierno de transición dirigió el país hasta elecciones democráticas y optó por la democracia y el multipartidismo integral. Era la primera vez que una Conferencia Nacional se declaraba soberana. Gabón, Congo, Zaire y Malí la copiarían entre 1990 y 1993.

Tercero, La Baule. El 20 de junio de 1990, François Mitterrand entierra la Françafrique incondicional en la XVI Cumbre franco-africana. La fórmula es clara, insistió en la necesidad de establecer un sistema multipartidista en los países africanos como condición para la ayuda y el apoyo económico de Francia.

No fue, por tanto, una idea francesa. Fue una ventana internacional que Francia formalizó.

Guinea Ecuatorial no podía quedarse al margen

Guinea Ecuatorial, aunque hispanohablante, había entrado en 1985 en la Zona del Franco CFA y dependía vitalmente de la cooperación española. España, que era el mayor donante, jugó la misma carta.

El 22 de noviembre de 1991, Felipe González viaja a Malabo y la frase queda registrada: González afirma en Malabo que España sólo prestará ayuda a Guinea si se democratiza.

El régimen reacciona a la defensiva. El 16 de noviembre de 1991 aprueba la Ley Fundamental de Akonibé que abandona el unipartidismo y el 8 de enero de 1992 Obiang promulgó una ley de regulación de partidos que, empero, les imponía severísimas condiciones para obtener la carta legal. Era pluripartidismo bajo vigilancia.

En esa estrecha rendija, los donantes forzaron el juego. Como reconocen los estudios sobre la cooperación de esos años, esta coyuntura fue aprovechada por los países donantes, especialmente España, para condicionar políticamente su asistencia, lo que contribuyó a la celebración de las elecciones más democráticas desde la independencia, las municipales de septiembre de 1995.

La unidad como imposición táctica

La oposición del exilio entendió la lección. Aislada y sin recursos, no podía presentarse dividida ante una comunidad internacional que exigía interlocutores creíbles.

Primero se crea en julio de 1991 el Bloque de Oposición Democrática (BOD), y a partir de él, la Plataforma de Oposición Conjunta fue fundada el 30 de agosto de 1992. Otras crónicas precisan que fue fruto de estas buenas relaciones la creación, en 1991, del extinto BOD, y la formación en septiembre de 1992 de la también extinguida POC que agrupaba a siete partidos: PPGE, CPDS, PSD, ADP, entre otros.

Su mayor éxito, y no es menor, fue demostrar que la unidad funciona: en las municipales del 17 de septiembre de 1995, la única elección limpia en la historia de Guinea Ecuatorial tuvo lugar en 1995. En aquellas municipales, la Plataforma de Oposición Conjunta (POC) venció en 25 de las 27 circunscripciones y obtuvo un 60% de los votos.

Pero su final demuestra también su fragilidad de origen: el 25 de febrero de 1996, para las presidenciales, la comisión electoral, integrada exclusivamente por autoridades gubernamentales, decretó de forma arbitraria la disolución de la Plataforma de Oposición Conjunta.

La lección para hoy

A más de treinta años de la POC, parte de nuestra oposición sigue desorganizada y viviendo de aquella añoranza. Y esa añoranza nos hace daño, porque nos hace creer que no somos capaces por nosotros mismos de tomar las riendas de nuestro destino.

La POC no fue un proyecto nuestro en su arquitectura diplomática. Fue el resultado de una coyuntura internacional irrepetible – Benín, Berlín y La Baule – que obligó al régimen a abrirse y a nosotros a unirnos.
Lo que sí fue nuestro fue la militancia, el riesgo de los que volvieron en 1992, el voto de 1995.

Por eso la pregunta que titula esta reflexión no se responde mirando atrás. ¿Sirve una plataforma de oposición conjunta de iniciativa guineoecuatoriana? Sí, y es urgente. Pero no servirá si es una réplica nostálgica de la POC.

Servirá si por primera vez es un proyecto concebido, financiado y liderado por nosotros, sin esperar la directriz de París, Madrid o Bruselas. Un proyecto que una a toda la población víctima de la tiranía, dejando de lado los egoísmos personales y las siglas, y centrándose en un único enemigo común enquistado en la presidencia de nuestra amada República.

Ya no necesitamos que nos impongan la unidad. Necesitamos demostrar que podemos construirla.

Amancio Edú

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