Malabo: Nguema Obiang se improvisa reparador de una red que su propio régimen ha saboteado

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Tras una auditoría de Cyberteq sobre el estado de las telecomunicaciones en Guinea Ecuatorial, el hijo del dictador intenta presentarse como salvador de un sistema hundido por años de abandono, nepotismo y gestión opaca. La propaganda habla de transformación digital; los ciudadanos conocen otra realidad, llamadas que se cortan, internet lento y servicios caros para una población empobrecida.

Por OLBIF

No hacía falta contratar a ningún gabinete especializado para saber que hacer una llamada o abrir una página web en Malabo puede convertirse en un pequeño milagro. Sin embargo, el viernes 24 de abril, el Palacio del Pueblo, ese templo de la opacidad, acogió otra reunión de trabajo presidida por el vicepresidente de su padre. Teddy convocó a sus subordinados y a los operadores del sector para escuchar lo que cualquier ciudadano sufre a diario, la red nacional es una chatarra tecnológica.

Un certificado de fracaso pagado a precio de oro

La auditoría realizada por Cyberteq constituye un acta de acusación contra la gestión del clan. Equipos obsoletos, velocidad de transmisión ridícula, llamadas que se cortan sin descanso y una planificación deficiente; el informe enumera las consecuencias de un sistema donde las infraestructuras de telecomunicaciones, como el organismo regulador GITGE, han sido tratadas como cotos privados familiares y no como servicios públicos al servicio de la población.

Mientras el dinero del petróleo desaparecía en yates, mansiones y lujos en el extranjero, la red nacional se hundía en la saturación. Ahora hablan de “hoja de ruta” y de “modernización tecnológica”. Es la retórica habitual para justificar nuevos desembolsos millonarios que, como tantas veces, terminarán engordando a empresas cercanas al poder bajo el paraguas de supuestos planes a corto, medio y largo plazo.

La distracción papal y el desprecio al pueblo

En una puesta en escena grotesca, Teodorín se permitió incluso felicitar a los operadores por la conectividad durante la reciente estancia de una personalidad religiosa. Si la red pudo funcionar para las cámaras del mundo, ¿por qué es incapaz de servir a los guineoecuatorianos el resto del año? La respuesta es sencilla: para los Obiang, la tecnología no es un instrumento de desarrollo, sino una herramienta de prestigio, control y vigilancia.

Nguema pide ahora un “informe de síntesis consensuado”. Dicho de otro modo, exige a los operadores y a los auditores que se pongan de acuerdo para no incomodar demasiado a los responsables del naufragio técnico. Encargar a Cyberteq la comparación de resultados parece una forma elegante de diluir las responsabilidades de una administración carcomida por la corrupción.

La ambición anunciada de disponer de un sistema “eficiente” no es más que otra fábula para adormecer a la comunidad internacional. En África Central, de Malabo a Yaundé, la fibra óptica no siempre se instala para liberar la palabra, sino para controlarla mejor. La verdadera transformación digital de Guinea Ecuatorial no llegará de la mano de una auditoría encargada por quienes han arruinado el país, sino el día en que las infraestructuras salgan por fin de las garras de una dictadura que teme la conexión de los ciudadanos más que cualquier otra cosa.

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