
Smolny vuelve a Guinea Ecuatorial en plena consolidación militar entre Moscú y Malabo
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El buque de entrenamiento ruso Smolny, de la Armada del Mar Báltico, ha atracado por segunda vez en el puerto de Malabo, según ha informado la agencia AFRINZ. A bordo, más de 200 cadetes de la Universidad Naval de San Petersburgo participan en un recorrido de instrucción que incluye escalas en puertos africanos considerados estratégicos para Moscú.
Durante su estancia en Guinea Ecuatorial, las autoridades locales, encabezadas por el embajador ruso en Malabo, Yuriy Yuzhanin, y el coronel guineoecuatoriano Filiberto Bibang Nguema, celebraron una ceremonia protocolaria en el puerto. El discurso oficial insistió en la “amistad entre pueblos” y el “carácter formativo” de la misión, pero lo que no se menciona abiertamente es el creciente interés militar ruso en la región, especialmente en países con gobiernos autoritarios y escaso escrutinio democrático.
La visita del Smolny se produce meses después de que trascendieran informes sobre la intensificación de los contactos militares entre Guinea Ecuatorial y la Federación Rusa, en el contexto de una ofensiva diplomática de Moscú para ampliar su influencia en África Central. Este nuevo atraque del buque escuela, más allá de su apariencia inocua, se suma a una cadena de gestos simbólicos que podrían anticipar una presencia logística más estable de Rusia en la zona.
Cabe recordar que la cooperación militar entre ambos países no es nueva, pero sí ha ganado visibilidad y frecuencia en los últimos años, especialmente tras el aislamiento internacional que sufre Moscú por la guerra en Ucrania. Guinea Ecuatorial, por su parte, ha evitado condenar abiertamente la agresión rusa en foros internacionales, lo que ha sido leído como un guiño diplomático a cambio de formación militar, mantenimiento de armamento o respaldo estratégico.
La llegada del Smolny no es un hecho aislado, sino parte de un patrón regional donde actores como Rusia, China y Turquía disputan influencia en los márgenes del continente, allí donde el descrédito de Occidente y el desprestigio de las democracias formales abren paso a “socios” que no hacen preguntas incómodas.
Desde esta página seguiremos documentando estos movimientos, conscientes de que en cada llegada silenciosa, en cada foto de grupo con uniformes y banderas, se refuerza una política exterior decidida entre bastidores, sin escrutinio, sin rendición de cuentas y al margen de la voluntad popular.







