
La felicidad y el guineano están reñidos,son incompatibles
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Por José Eugenio Nsue
Aunque resulta complicado, muy complicado saber definir con exactitud la felicidad según sea oriental u occidental, materialista o espiritualista, hedonista o estoico, pobre o rico, africano o europeo; el concepto de la felicidad, además de polisémico, está prostituido tanto que se ha vaciado de contenido y su contenido cuestionado; a pesar de esta confusión y vacío de contenido aparente, la felicidad sigue siendo la razón de la existencia humana y el motivo principal de la creación, Dios quiso que su obra perfecta, la persona de su imagen y semejanza, fuera, viviera feliz y la transmitiera a sus semejantes por eso creó el universo y mandó que el hombre fuera su guardián y administrador. La existencia no tendría sentido, si no existiera la felicidad; pero, ¿qué es la felicidad? ¿De qué felicidad hablamos?
Sin perdernos en disquisiciones filosófico-teológico-sociológicas, vamos a dar por válidas las acepciones que la Real Academia Española da al concepto: 1. Estado de grata satisfacción espiritual y física; 2. Persona, situación, objeto o conjunto de ellos constituyen a hacer feliz.
En este sentido, los guineoecuatorianos están reñidos con la felicidad, son incompatibles con ella; no son felices tampoco lo pueden ser. Entre la envidia que corroe en sus venas que hace que no sean capaces de disfrutar con lo que tienen, con lo que hacen ni con lo que son pudiendo serlo, siempre están queriendo, deseando y codiciando la mujer o el hombre, el trabajo, el puesto, el coche o la casa ajenos; otros que no consiguen tener una paz interior, espiritual, no concilian el sueño por las noches al recordar el mal, el daño que hacen los unos a los otros, los bienes y la fortuna que atesoran fruto del robo, la corrupción, el expolio o los crímenes cometidos. El guineano hasta cuando no le duele nada, no tiene muchos problemas, puede comer al día, está bien con su pareja y con sus hijos que están sanos, buenos alumnos y se comportan bien aun así inventa un problema o anticipa una desgracia, sufre preventivamente, no tiene paz ni vive en paz, está angustiado sistemáticamente; lo inaudito, insólito.
Entre la pobreza y la miseria en las que vive la inmensa mayoría de los guineoecuatorianos por culpa de la maligna y diabólica familia que los esclaviza, maltrata y somete, y esa propensión a reprimirse, victimizar y la patológica percepción de que lo que avecina va a ser peor y es inminente, que lo que pasa en este momento, vive, tiene o lo que está haciendo, no cuenta; o sea, la realidad que viven los guineanos, lo que hacen en el presente, para ellos no es más que puro espejismo, eso es lo que hace que sean incapaces de sentir o experimentar una grata satisfacción espiritual y física.
Es increíble e incomprensible la mentalidad de victimismo y autoinculpatoria del guineano. Hasta los que viven fuera del país, tampoco se escapan de esta patología, no se sienten felices, no son felices aunque les vaya bonito, estén sanos, tengan trabajos y familias, sus hijos excelentes y sanos; siempre echan en falta algo, a alguien, si no se dedican a criticar a los demás y a envidiar; no se conforman ni saben vivir con lo que tienen, valorarlo, estimarse o ver lo positivo en los demás.
Una tía madre vino a visitarnos en Lanzarote, yo recién casado y con 2 hijos recién nacidos de poco más de 1 año y otra de meses, trabajando como docente en un instituto y por las tardes de profesor de español para extranjeros en una ONG; cada vez que me veía, me decía: » A Nsue, no se puede consentir ni mimar tanto a una mujer porque cuando te va a dejar, vas a sufrir mucho, ten cuidado.» Otro día: «A Nsue, no hay que tratar, cuidar así a la mujer; cuando te deje, lo vas a pasar muy mal.» Después de más de 3 meses advirtiéndome con lo mismo, le dije: mira, tía, ¿por qué no me dices la fecha, la hora, el día, el mes y el año que mi mujer me dejará para que sufra de una vez y así prepararme para que no me coja por sorpresa? ¿Cómo voy a empezar a sufrir, escarmentarme ahora pensando que mi mujer con la que acabo de casarme por la iglesia no hace 3 años, ella me adora como yo a ella, nunca hemos discutido ni tenido un problema serio, jamás me ha dado motivos para preocuparme ni he sospechado nada anómalo; de repente, tengo que empezar a comerme la cabeza y a preocuparme por lo que, según tú, ella me va a dejar?
Han pasado 22 años esperando que se cumpla el augurio (mal) de la tía. Seguimos más unidos que nunca, tuvimos un tercer hijo que este año ha aprobado brillantemente la PAU con 17 años y se va a la Complutense, en agosto celebramos Dios mediante nuestras bodas de plata. De haber hecho caso a mi tía, ¿cómo estaría hoy en día y dónde?
Yo entiendo que la vida de perros que lleva la inmensa mayoría de guineoecuatorianos en el país y fuera también, no permite que se pueda pensar en la felicidad; no se puede hablar ni ser feliz cuando se pasa hambre, no tiene trabajo y si trabaja, no puede cubrir las necesidades básicas, estar enfermo y no puede curarse, o cuando no se está seguro que va a despertarse sin que vayan a machetearle, ser secuestrado, torturado, tiroteado o encarcelado sin mandamiento judicial; tampoco se puede ser feliz cuando ves que tus hijos no tienen qué comer, con qué vestirse o curarse y no pueden ir a estudiar por falta de medios; o cuando tu conciencia te acusa día y noche por los crímenes cometidos, robos perpetrados, malversación de los fondos públicos ni por haber traicionado, chivado o acusado falsamente; pero no creo que sea el caso de todos los guineoecuatorianos; me niego a creer que todos los guineanos viven en una absoluta miseria, son criminales, asesinos, cornudos y ladrones. Esta mentalidad de que hasta cuando estoy bien, sin embargo tengo que empezar a lamentar la desgracia que se me avecina y por lo tanto adelantar mi desgracia y la angustia, es lo que hace que los guineoecuatorianos seamos insensibles, malagradecidos, antipáticos, hasta crueles y criminales. Todo el mundo de todas partes, categoría, raza, tiene problemas y más serios, pero viven felices, son felices y agradecidos por lo que Dios les ha dado o conseguido con esfuerzo y sufrimiento; detrás del sufrimiento y dolor, hay, puede haber felicidad. En cambio, nosotros no.
Esta no es vida, hay que hacérnoslo mirar.
Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?









