
El régimen kleptócrata de Obiang se aferra a sus Bienes Mal Adquiridos desafiando el derecho internacional
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La arrogancia y el desprecio por la justicia no conocen límites en el régimen de Teodoro Obiang Nguema Mbasogo. Mientras nuestro pueblo sigue sumido en la miseria y la represión, los altos cargos de Malabo insisten en desafiar el sentido común y el derecho internacional, como ha vuelto a poner de manifiesto un artículo publicado este martes 8 de julio por el medio Jeune Afrique. El objeto de esta nueva farsa es nada menos que el célebre hotel particular situado en el número 42 de la Avenida Foch, en París: un símbolo nauseabundo de los llamados bienes mal adquiridos por la casta en el poder.
Por OLBIF
Según revela Jeune Afrique, este fastuoso edificio, valorado en más de 100 millones de euros, una suma que podría haber servido para construir hospitales o escuelas en Guinea Ecuatorial, fue adquirido por Teodoro Nguema Obiang Mangue, alias Teodorín, hijo del dictador y actual vicepresidente del país, con dinero “procedente de la corrupción en su país”. Pese a que esta realidad ha sido confirmada por la justicia francesa, Malabo persiste en la impostura alegando que el inmueble es su embajada en París: una burda maniobra para intentar esquivar la confiscación.
Como recuerda el artículo, no es la primera vez que el régimen recurre a este tipo de estrategias. En 2016, Guinea Ecuatorial ya intentó sin éxito frenar la incautación del edificio acudiendo a la Corte Internacional de Justicia (CIJ), escudándose en una supuesta violación de la Convención de Viena. Pero los hechos eran claros, y Jeune Afrique lo subraya: “el estatus de embajada solo fue reivindicado por Malabo después de que la justicia francesa abriera un procedimiento contra el vicepresidente ecuatoguineano”. La dictadura contaba ya con una representación diplomática legítima en París. La CIJ falló entonces a favor de Francia, desmontando la falsedad de los argumentos del régimen.
Pero los hechos, por evidentes que sean, no detienen al clan Obiang. Jeune Afrique recuerda que en 2021 Teodorín fue condenado en Francia a tres años de prisión en suspenso, a una multa de 30 millones de euros y a la confiscación de varios de sus bienes, entre ellos el famoso edificio de la avenida Foch. Sin embargo, y como es habitual en este régimen habituado a la impunidad, Malabo no cesó de maniobrar. En junio de 2025, la policía francesa tuvo que intervenir, entrar en el inmueble y cambiar las cerraduras. Aquello debió marcar el final de la comedia. Pero no. El 3 de julio, el gobierno de Obiang presentó de nuevo una demanda ante la CIJ exigiendo “acceso inmediato, completo y sin restricciones” al edificio confiscado.
El propio medio se pregunta, con sorna, qué posibilidades tiene ahora el régimen de lograr algo, “dado que sus argumentos no han cambiado en absoluto”. Todo indica que Malabo solo busca “ganar tiempo”, retrasar lo inevitable: la venta de ese bien mal habido, cuyos fondos, con justicia, deberían ser restituidos al pueblo guineoecuatoriano.
Este desprecio por la justicia internacional resulta aún más escandaloso cuando se recuerda, como hace Jeune Afrique, que Teodoro Obiang Nguema Mbasogo acaba de cumplir 45 años, 11 meses y 2 días en la presidencia. Un “récord mundial de longevidad en el poder” en un país “sin elecciones libres”. Es precisamente en este contexto de ausencia total de democracia y rendición de cuentas donde la familia gobernante ha amasado fortunas sin el menor pudor. Teodorín, pese a sus múltiples condenas y escándalos en el extranjero, sigue preparándose para heredar la presidencia de su padre.
La historia del 42 de la avenida Foch no es más que el síntoma de una enfermedad profunda: la podredumbre de un sistema que ha convertido al saqueo en política de Estado. Y ha llegado el momento de que la justicia internacional ponga fin, de una vez por todas, a esta impunidad obscena.







