Una “gracia” de cumpleaños que intenta maquillar la podredumbre de un régimen familiar y corrupto

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Por OLBIF

El dictador Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, quien lleva aferrado al poder desde 1979 con mano de hierro, ha celebrado sus supuestos 83 años con un gesto que intenta venderse como magnánimo, pero que en realidad esconde las miserias del régimen que encabeza. Se trata de la llamada “gracia presidencial” concedida a dos ciudadanos sudafricanos, un gesto cínico que no engaña a nadie.

Peter Huxham y Frederik Potgieter, dos ingenieros de nacionalidad sudafricana, estaban encarcelados en Malabo desde febrero de 2023, condenados a 12 años de prisión por presunto «tráfico de drogas». Según publicó RFI el pasado 7 de junio, sus familias denuncian que todo fue un montaje del régimen como represalia por la incautación, en Ciudad del Cabo, de varios bienes lujosos pertenecientes a Teodorín Nguema Obiang Mangue, el hijo mayor del dictador y actual vicepresidente de la República.

Y no se equivocan. Este «caso de drogas» surgió justo después de que las autoridades sudafricanas confiscaran mansiones, vehículos y otros objetos de lujo vinculados a Teodorín, cuya fama internacional no se debe precisamente a su gestión pública, sino a su escandaloso tren de vida y su rol protagónico en numerosos casos de corrupción.

Nacido supuestamente el 25 de junio de 1969, Teodorín no solo ostenta cargos políticos como la vicepresidencia del país y del partido gobernante PDGE. También es la imagen más clara del saqueo institucionalizado que asfixia a Guinea Ecuatorial. Mientras la mayoría de la población malvive sin acceso a servicios básicos, el “heredero” presume sin pudor de colecciones de relojes de millones de dólares, cenas en restaurantes exclusivos, coches de lujo, jets privados, palacios y yates cuyo origen jamás podrá justificar con un sueldo público.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos ya lo documentó en 2007: Teodorín amasó su fortuna mediante extorsión, robo de fondos públicos y otras prácticas corruptas. Investigaciones del Senado norteamericano detallan cómo utilizó empresas fantasma para lavar más de 100 millones de dólares en territorio estadounidense, y cómo viajaba con su pasaporte diplomático transportando hasta un millón de dólares en efectivo, siempre en billetes nuevos de 100 dólares, como si de un traficante internacional se tratara.

Por eso, esta “gracia presidencial” no es justicia. Es apenas un capricho de cumpleaños del anciano tirano que intenta, una vez más, lavar la imagen de su régimen podrido con gestos vacíos. No hay clemencia cuando el objetivo real es tapar el hedor de la impunidad.

La liberación de los sudafricanos no es más que un trueque vergonzoso, una concesión a la presión internacional. No hay aquí ningún acto humanitario. Solo un intento desesperado por seguir jugando al “país soberano” mientras la dictadura continúa robando los recursos del pueblo y enriqueciéndose a costa del sufrimiento de toda una nación.

Ya va siendo que la comunidad internacional deje de mirar hacia otro lado. Guinea Ecuatorial no necesita más gestos simbólicos ni “gracias” hipócritas. Lo que el pueblo reclama, y merece, es justicia, verdad y libertad. Y eso no se consigue mientras una sola familia continúe controlando el Estado como si fuera una herencia personal.

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