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El 12 de octubre marca la independencia de Guinea Ecuatorial. Pero más de medio siglo después, persiste una pregunta incómoda: ¿hay realmente motivos para celebrar o es una fecha para recordar, analizar y exigir cuentas?
Por José Eugenio Nsue
Cada vez que veo y me cuentan que los guineoecuatorianos de aquí, allá y acullá se movilizan, aportan y organizan macrofiestas con ocasión del 12 de octubre, 3 de agosto, 5 de junio, 20 de agosto o 25 de junio; muchos hasta se endeudan, piden préstamos para aportar y comprar trajes de gala para estar emperchados para la ocasión; me pregunto: ¿qué celebran? ¿Tienen motivos para celebrar el 12 de octubre, sobre todo el 3 de agosto o los natalicios de la familia que les tiene sometidos, arrodillados, marginados y muertos de toda clase de miseria? ¿Cuántos guineanos jóvenes y mayores saben lo que significa la independencia y han conocido y vivido en la independencia?
Y siempre que reflexiono y pienso sobre la letra del himno nacional: «Caminemos pisando las sendas de nuestra inmensa felicidad en fraternidad, sin separación, ¡Cantemos libertad! Tras dos siglos de estar sometidos por la dominación colonial, en fraterna unión, sin discriminar, ¡Cantemos libertad!«, más me reafirmo en la idea de que la inmensa mayoría de los guineanos, no tiene motivos ni razones para celebrar nada porque el sueño que tuvieron los Padres de la Independencia de ver una Guinea Ecuatorial libre y feliz, se ha frustrado. Ni somos libres, ni mucho menos felices. ¿Cuántos guineanos pueden afirmar que realmente están caminando pisando las sendas de su inmensa felicidad cuando han perdido a seres queridos por la represión de los dos regímenes dictatoriales y sanguinarios de los parientes Nguema (Francisco Macías Nguema y Teodoro Obiang Nguema) que han gobernado el país desde su independencia; están enfermos, parados y viven en una absoluta pobreza; sus hijos no pueden escolarizarse, curarse ni comer tres veces al día? ¿Cuántos guineanos pueden afirmar que viven en fraternidad y sin separación cuando los Obiang en esa segunda dictadura han alentado, fomentado y patrocinado las divisiones étnicas y la separación y discriminación no solo regional, también tribal donde descaradamente favorecen a familiares, amigos y a los de su región, Mongomo, mientras marginan al resto del país? El estado y la situación de Annobón, muchos pueblos de la isla de Bioko y muchos distritos de la parte continental, claman al cielo de lo abandonados en el que están. ¿Quién puede decir y presumir que los guineanos hemos dejado de estar sometidos desde la independencia cuando 58 años después seguimos estando sometidos, esta vez por nuestros propios semejantes, nuestra misma raza y mismo color?
Si no fuera porque el Coeficiente Intelectual de los guineanos es el más bajo (59) y por lo tanto, hasta un corto como Obiang llama ‘pobres mentales‘ a sus gobernados reconociendo así que son tontos; me habría sorprendido lo ingenuos e incautos que son los guineoecuatorianos.
A pesar de malvivir, llevar una vida de perros en su propio país, de no tener ninguna esperanza de mejora de sus vidas porque los que les gobiernan y mandan, no les importan sus vidas, les matan de hambre, les marginan y les tienen arrodillados; no tienen dónde trabajar, sanidad donde curarse, ni escuelas gratuitas, modernas y equipadas donde mandar a sus hijos. Los ‘afortunados‘ que han abandonado el infierno de país en el que esos dictadores parientes lo han convertido, en busca de una vida digna y mejor; muchos hacen verdaderos sacrificios para sacar adelante a sus familias y ayudar a los suyos; muchas mujeres venden sus cuerpos para sobrevivir o se casan por conveniencia, otros tantos deambulan por las calles de las ciudades españolas, por ejemplo, por no tener trabajos y otros viven a costa de sus familiares, comen y se visten gracias a la caridad y generosidad de la gente; sin embargo, en cuanto se enteran de una fecha como el 12 de octubre, son los primeros en apuntarse para festejar y celebrar, y sus celebraciones se limitan a emborracharse, comer hasta reventarse, bailar desenfrenadamente, copular como animales salvajes hasta la extenuación.
A nadie se le ha ocurrido a pensar que en lugar de celebrar o festejar lo que ha resultado una auténtica y verdadera desgracia y calamidad para una inmensa mayoría de la población guineoecuatoriana la independencia, se puede y se debe conmemorar esta efeméride con una serie de conferencias, charlas y mesas redondas para debatir sobre las consecuencias de la accesión a la independencia del país, si se han logrado los objetivos por los que se lucharon los Padres de la Independencia; si somos libres e independientes, si estamos unidos; cuál fue el espíritu de los Padres de la Independencia. Enseñar a los jóvenes lo que significa ‘Independencia‘, quiénes lucharon por ella y derramaron su sangre para que tengamos un país, una nación, un Estado; qué pretendieron; qué es la democracia; ¿por qué es sano y necesario vivir y fomentar una sociedad justa? ¿Cuáles son los valores democráticos, los símbolos de la patria y su significado; etc, etc, para que no caminen en las tinieblas, adoren a falsos patriotas que en lugar de fomentar y trabajar por los principios y fundamentos de la independencia recogidos tanto en el himno nacional como en el escudo y su leyenda (Unidad, Paz y Justicia) y la bandera?
Como sigamos limitando la celebración del día de la independencia en el consumo descontrolado de alcohol, la degustación de banquetes pantagruélicos, sexo descontrolado y bailes desenfrenados como muestra de nuestro patriotismo; seguiremos viviendo como zombis sin pasado, presente ni futuro; es decir, sin historia.
Guinea Ecuatorial y los guineoecuatorianos me dan pena, mucha pena.
Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?