
Teodorin dice que la prohibición de viaje de EE. UU. tiene “impacto cero”
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Según se ha podido leer en un despacho de la agencia oficial china Xinhua, Teddy restó importancia este martes a la prohibición de viaje impuesta por Estados Unidos, afirmando que “tendrá impacto cero” en el país.
“Menos de 50 guineanos viajan cada año a Estados Unidos”, sostuvo, y añadió que el país norteamericano “no es un destino prioritario para los ciudadanos de Guinea Ecuatorial”. Como gesto de reciprocidad, animó a sus compatriotas a no viajar a EE. UU. “hasta que reconsidere su decisión y anuncie políticas que construyan puentes de unión, no de separación”.
Teodorin se muestra reconfortado al afirmar que “las sanciones no afectan a nadie”, pero omite que las condenas, aunque lleguen tarde, tienen consecuencias simbólicas. Ser vetado por un país como Estados Unidos, por motivos que nadie ha desmentido con seriedad, no es un asunto menor. Aunque el número de viajeros afectados sea ínfimo, el mensaje internacional es contundente: Guinea Ecuatorial sigue en la lista negra de los regímenes señalados por corrupción y violaciones de derechos humanos.
La administración estadounidense justifica estas restricciones, renovadas o mantenidas bajo distintas presidencias desde Trump, en la falta de cooperación con las políticas migratorias, la corrupción institucionalizada y la opacidad judicial de ciertos Estados, entre ellos Guinea Ecuatorial. No es la primera vez que Washington apunta directamente al entorno del vicepresidente de su padre.
La dictadura de Malabo no está para debates internos ni nunca lo ha estado. Tras más de 46 años en el poder sin rendir cuentas a nadie, ahora no va a organizar un ejercicio de autocrítica por una sanción que ridiculizan de forma automática. ¿Debatir con quién? ¿Con los partidos decorativos que aplauden a cambio de migajas? ¿Con las instituciones que solo existen en papel y se activan para aplaudir al dictador de turno? En vez de reflexionar sobre el aislamiento creciente, el régimen se refugia, como siempre, en la victimización y el desprecio altivo.
A falta de oposición institucional, de justicia independiente o de prensa libre en casa, los dirigentes solo reaccionan cuando el castigo viene desde fuera. Eso sí, cuando llega, lo despachan con arrogancia y desdén. ¿Impacto cero? Quizás. Pero reputación bajo cero, eso seguro.







