Telgesa, la nueva máquina de desvío del clan Obiang en las telecomunicaciones

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Bajo la excusa de mejorar una calidad de servicio que el propio régimen ha degradado durante años, Malabo prepara el lanzamiento de Telgesa. El proyecto, vendido como solución milagrosa, apunta más a otro mecanismo de saqueo y control que a una verdadera modernización del sector.

Por OLBIF

En Guinea Ecuatorial, el guion se repite con una precisión obscena. Cuando un servicio público se hunde por la incompetencia, el clientelismo y la rapiña institucional, el poder no corrige el desastre, inventa una nueva estructura para enterrar las huellas del fracaso anterior. Tras el naufragio de GECOMSA, ahora llega el turno de Telgesa.

El pasado 26 de junio, Teddy volvió a representar una de sus habituales escenas de autoridad durante una reunión con responsables de GETESA. Entre reproches teatrales por la mala calidad de la señal, un deterioro del que el propio régimen es responsable, el vicepresidente de su padre ordenó acelerar este nuevo proyecto “público”. En realidad, la consigna suena a otra cosa: asegurar el control del sector antes de que termine 2026.

El montaje financiero ya está servido. Para “modernizar” la red, el régimen mira hacia una alianza con EGSA Loita, con una inversión anunciada de 50 millones de dólares. Con el Estado como propietario del 49 % de las acciones, los jerarcas de Malabo vuelven a encontrar una fórmula conocida: dinero público, opacidad privada y beneficios repartidos entre los mismos de siempre.

La promesa de instalar 260 torres y cubrir el 90 % del territorio solo puede recibirse con cautela. ¿Cómo creer en una revolución tecnológica cuando, durante décadas, la prioridad del Palacio del Pueblo ha sido el enriquecimiento del clan y el control de las comunicaciones, no el desarrollo digital del país?

El discurso oficial, amplificado por el hijo del dictador en sus redes sociales, afirma que los ciudadanos ya no pueden seguir sufriendo llamadas interrumpidas. La ironía es brutal. Es el mismo régimen que ha dejado al país desconectado, sin competencia real, sin transparencia y sin servicios dignos, el que ahora pretende presentarse como salvador de las telecomunicaciones.

Detrás de Telgesa no hay una apuesta limpia por el progreso. Hay una voluntad de reforzar la vigilancia, controlar los flujos de información y abrir otra vía de negocio para la élite gobernante. En Malabo, cada estructura nueva nace con el mismo pecado original: servir primero al clan y después, si queda algo, a la población.

Telgesa no es una herramienta de desarrollo. Es el nuevo juguete de una casta que prefiere gobernar sobre ruinas digitales antes que permitir que Guinea Ecuatorial respire, se conecte y avance libremente.

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