
Silencio y acoso sexual marcan la vida laboral de la mujer guineoecuatoriana
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La mujer guineoecuatoriana que trabaja, ya sea en el sector público o en el privado, vive bajo una presión constante: el acoso sexual. Se ha convertido en un mecanismo cotidiano de abuso de poder, un chantaje silencioso que atraviesa oficinas, empresas y ministerios. Lo más doloroso es que a las víctimas no solo se les exige silencio, sino sumisión.
“Te acosan y cuando no cedes… se ensañan. En fin. Y cuando llegas a denunciar, te preguntan si no eres mujer para que un hombre te pretenda.”
Ahora, ya no es que el jefe o los amigos del jefe te quieran llevar de viaje, como cuando había dinero; sino que te van quitando responsabilidades para que el acosador de turno te las renueve con un embite sexual. El “follamigos” de antes se ha convertido en un “follavictimas” sostenido por la dependencia laboral. Da igual si dices que tienes pareja, porque la respuesta inmediata será: “¿Acaso me interesa tu pareja?”.
La normalización del acoso como si fuera un “derecho” del superior convierte cualquier intento de resistencia en motivo de represalia. Muchas mujeres son relegadas, despedidas o marcadas de por vida por no haber cedido. Y cuando buscan protección en las instituciones, encuentran la burla y el desprecio: se les responsabiliza de provocar el acoso, como si fuera una condición inherente al hecho de ser mujeres.
Esta página, en un artículo titulado “Ellas también quieren hacerse oír”, ya denunció en 2012 que el acoso sexual en Guinea Ecuatorial no era algo nuevo, sino sistemático y tolerado. Se puede leer aquí: Radio Macuto
En ese texto se mencionaban nombres de altos funcionarios vinculados a RTVGE, señalamientos de videos íntimos productos del acoso institucional, y el hecho de que muchas mujeres denunciaban no tener dónde acudir, porque todas las instituciones estatales permanecían del lado del poder.
En ese contexto, el acoso sexual se retrataba como condición para ascensos (“si no te acuestas con el jefe, no puedes ser ministra, secretaria de Estado, directora, embajadora, etc.”) y como instrumento de control social en el régimen. Esa denuncia temprana coincide con lo que hoy nos relata esta víctima: que el abuso no es excepcional, sino política de subordinación disfrazada de complicidad laboral.
En nuestro país, el acoso sexual en el trabajo no es un secreto: es una práctica extendida, sostenida por un sistema que calla, minimiza o ridiculiza las denuncias. Cada silencio impuesto es una cadena más en la esclavitud invisible que pesa sobre miles de trabajadoras.
El testimonio recogido no es un caso aislado, sino el reflejo de una realidad que atraviesa generaciones. Cada despido forzado de una trabajadora que se resiste confirma el poder del acosador. La voz de las víctimas, aunque silenciada en los despachos, rompe aquí la muralla de la impunidad. Porque callar no es solo protegerse: también perpetuar el ciclo del abuso.
📌 Radio Macuto protege la identidad de la fuente de este testimonio para garantizar su seguridad laboral y personal. La redacción reafirma su compromiso de visibilizar la voz de las víctimas de abusos y denunciar prácticas que atentan contra la dignidad humana en Guinea Ecuatorial.







Las niñas y chicas de guinea lo viven día a día. Ya es una enfermedad incurable