¿Quién mandó matar al Padre Fortunato, y por qué?

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Por José Eugenio Nsue

Sabíamos y sabemos que la sociedad guineoecuatoriana, mi país de nacimiento, tras la independencia que tanto costó conquistar y por la cual muchos compatriotas dieron sus vidas y son verdaderos mártires y Padres de dicha independencia malograda que ha resultado líquida (las instituciones, el trabajo y sus valores, se han disuelto), y anestesiada por la extrema crueldad de dos regímenes dictatoriales de una misma familia que ha estado, está padeciendo el país. Para revertir esta parálisis, lasitud no solo física, también mental, algunos hijos e hijas de esta nación que pertenece a todos nosotros, estamos dispuestos y decididos a alzar la voz para denunciar, criticar y combatir las injusticias y los crímenes de este régimen que nos oprime, y para que el pueblo adormilado tome conciencia, se despierte y empiece a luchar por la defensa de sus derechos y su dignidad y así, acabar con más de medio siglo de sometimiento y esclavitud. Pero la realidad es que no lo estamos consiguiendo. El pueblo guineoecuatoriano sigue paralizado, embobado en estado de letargo.

Ya no somos los únicos, los que tildabais de aventureros, ilusos, temerarios, frustrados, fracasados o enemigos de la patria cuando os exhortábamos de vencer el miedo, luchar por vuestra propia dignidad y vuestros derechos como personas; también el Papa, Representante de Dios en la tierra y Jefe de la Iglesia Universal que decís que creéis, profesáis y militáis, que os viene de visitar; también os ha dicho exactamente lo mismo: «como cristianos y evangelizadores, hay que vivir, evangelizar sin miedo y con valentía»; «los ciudadanos tenemos la responsabilidad de contribuir y colaborar para y por el desarrollo colectivo, hacer que los recursos (las riquezas) lleguen a todos y no sólo para unos pocos…»

Nos hemos acostumbrados a vivir situaciones, presenciar escenas de crímenes y soportar tratos vejatorios y humillantes inaceptables como normales; no reaccionamos ni nos conmueven. A cuatro días de la llegada del Papa, hallan muerto en su residencia parroquial al sacerdote, Fortunato NSUE ESONO, Vicario General de la Archidiócesis de Malabo; cargo que ejerció oficialmente, a penas u mes (tomó posesión solemnemente el mes de marzo y se le encontraron muerto el 17 de abril; curioso), también era párroco en el barrio de Paraíso. Cuentan que había sido designado Vicecoordinador de la visita papal, responsable logístico de la movilidad papal durante su estancia en el país y el encargado de leer el informe de la actualidad y situación de la iglesia católica local de Guinea Ecuatorial; o sea, el Portavoz. Los que le trataron y conocieron, hablan maravillas de un joven sacerdote cualificado, metódico, serio y responsable en su cometido, además de su afalbilidad y cercanía en el trato. A juzgar por las reacciones espontáneas tras conocer su sorprendente y violenta muerte, de la población, se vio que era muy querido.

Desde que se produjo dicha muerte macabra que las fotos, vídeos y testimonios de los testigos presenciales, todo apunta a que se trata de un asesinato con ensañamiento y alevosía, y las preguntas que nos hacemos y haría toda persona de bien: ¿de qué murió el padre Fortunato? ¿Cómo y de qué murió? Si como muestran las imágenes y cuentan los presentes en la escena del crimen, murió asesinado. ¿Quién mandó asesinarle? ¿Quiénes fueron los asesinos? Sobre todo, ¿por qué querían acallarlo? ¿Qué supo el padre Fortunato en tan poco tiempo que tuvo acceso a las cloacas, los entresijos de la Archidiócesis de Malabo que precipitó su muerte?

Son tantos los interrogantes sin respuestas, silencios cómplices y elocuentes que interpelan. En todos los países, hay en los Ministerios de Seguridad y Defensa, Departamentos específicos para garantizar la seguridad y defensa de los ciudadanos y las fronteras del país; constan de Servicios de Inteligencia para evitar atentados, bandas criminales y crímenes organizados, policías y gendarmes científicos que se ocupan de resolver e investigar las muertes, los atentados, accidentes o incendios; agentes y cuerpos de la intervención rápida para salvar vidas, rescatar o evitar desgracias; asimismo ha de haber en el Ministerio de Justicia, Departamentos y Secciones para perseguir, esclarecer y juzgar a delincuentes, delitos y hechos… (Fiscalías y Juzgados).Todos esos servicios deben estar a disposición de la ciudadanía y no sólo para proteger a la familia presidencial.

En Guinea Ecuatorial, todos esos cuerpos y agentes de la «Seguridad» y «Defensa» existen sobre el papel; se habla del Fiscal General del Estado, Fiscal. Anticorrupción, Juzgados de 1ª, 2ª y 3ª Instancia; Juzgados de Guardia, y todos cobran sin ver ni saber lo que hacen ni dónde trabajan. Desde que murió el padre Fortunato, ¿cómo es posible que hasta que no se había pronunciado el Metomentodo, Tontorón, llamado el Vicepresidente de su padre tras el ruego del Papa para que se aclaren las circunstancias de la muerte del sacerdote; nadie se había pronunciado para informar a la opinión pública qué había pasado con el sacerdote? ¿Cómo es posible que el Arzobispo quien debía de estar más consternado y afectado por haber perdido no solo a uno de sus sacerdotes, sino a su máximo y estrecho colaborador; solo se limita a sacar un escueto y lacónico comunicado para decir que el Vicario General será enterrado después de la visita papal y no exige que se esclarezca lo sucedido?

Otra vez, utilizando su verborrea habitual: ordena, mandata, decreta, obliga, que se le haga una autopsia al padre Fortunato y se diga de qué se ha muerto, para que venga otro besugo con toda desfachatez y caradura 24 horas para decir que el padre habría muerto por un infarto de miocardio agudo lo que le propició el sangrado, una fractura craneal, heces desparramadas por todo el suelo y bajada de pantalones, mientras la tele seguía encendida en el salón y una botella de champán con su copa en la mesa; y un compañero del gremio que «pasaba por ahí a primeras horas de la mañana haciendo footing» o buscando Dios sabe qué informe que quería su puto amo, el Arzobispo, o que estaba diciendo misa (versiones que dio el primero que encontró al muerto, y eso que no tenía la llave de la casa). Viene otro besugo más tonto todavía para decir que «los expertos egipcios» han determinado que el cura se murió por un infarto agudo; ¿desde cuándo los egipcios están haciendo autopsias en Guinea y por qué solo en el caso del padre Fortunato y no lo hicieron al abuelo Lima y cientos de muertos que a diario fallecen en el país; y por qué no se dijo antes para que el Papa no tuviera que rogar para que se investiguen las circunstancias en las que murió el Reverendo? Lo que mo saben es que hay muchos guineoecuatorianos que han estudiado, viajado y vivimos en los países serios y sabemos muchas cosas.

No tienen la culpa solo el régimen de los Obiang y todos los que les apoyan, consienten, toleran y contribuyen para que sigan ocurriendo y pasándolo que pasa en Guinea Ecuatorial; tiene la mayor culpa la Iglesia que pudiendo y debiendo condenar y denunciar todos esos atropellos, apoyar al pueblo sufriente; los maquilla, colabora, practica y favore. A ellos que viven falsamente a pesar de los ornamentos y grandilocuencias, como vimos en la reciente visita del Papa, no tiene el perdón de Dios al que dice servir. Así de claro.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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