Mantente Informado y Participa en la Comunidad
Ingrese su dirección de correo electrónico a continuación y suscríbase a nuestro boletín

El Parlamento Europeo ha agendado un debate sobre Guinea Ecuatorial para el miércoles 8 de octubre, seguido de una votación el jueves 9 de octubre, del año en curso, en la que se prevé la adopción de una resolución contra las detenciones arbitrarias de ciudadanos europeos en nuestro país.
Según la agenda oficial, el debate busca denunciar la práctica del régimen de Obiang de encarcelar sin cargos a extranjeros, utilizando la privación de libertad como herramienta política y de chantaje diplomático. Mientras Teddy, el hijo del dictador, se pasea por Washington con sonrisas y reuniones de negocios, europeos permanecen retenidos en comisarías y cárceles de Guinea Ecuatorial sin juicio ni garantías mínimas.
Para Bruselas, el paso es importante, pero no suficiente. Lo que determine la votación del día 9 marcará si esta vez la Unión Europea se limita a un gesto simbólico o si se atreve a aprobar medidas concretas: sanciones personalizadas, exigencia de liberaciones inmediatas, mecanismos de verificación y seguimiento de cada caso. Sin esos pasos, la resolución corre el riesgo de convertirse en otra declaración vacía que el régimen archivará con burla.
Las organizaciones de la sociedad civil insisten en que el debate debe ir acompañado de nombres, rostros y testimonios. Que no se hable de cifras frías, sino de vidas concretas arrebatadas por un Estado represor que no respeta ni a sus propios ciudadanos ni a los extranjeros.
El pueblo guineoecuatoriano sabe que en su país nadie está a salvo de la arbitrariedad. Que ahora sean europeos los encarcelados solo ha servido para que Europa mire de reojo lo que Guinea Ecuatorial padece a diario desde hace décadas.
El 9 de octubre, Bruselas tendrá que decidir si quiere seguir siendo cómplice con su silencio o si por fin está dispuesta a llamar las cosas por su nombre. Porque cada día que pasa sin acción es un día más en que la dictadura convierte la justicia en un arma y la diplomacia en una farsa.