La CPLP cumple 30 años con el fantasma de Obiang sentado en la mesa

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Guinea Ecuatorial y la CPLP vuelven a quedar atrapadas en una contradicción incómoda. A punto de cumplirse 30 años de la organización, analistas consultados por Lusa cuestionan que el régimen de Obiang siga dentro de una comunidad que dice defender democracia, derechos humanos y lengua portuguesa.

Analistas consultados por Lusa vuelven a señalar que Guinea Ecuatorial no cumple los estatutos de la CPLP. La crítica no es nueva, pero cobra más fuerza ante la posibilidad de que el país pueda llegar a asumir la presidencia rotativa de la organización, un escenario que para varios observadores supondría un golpe directo a la credibilidad del bloque lusófono.

La entrada de Guinea Ecuatorial en la CPLP, en 2014, fue vendida por el régimen como una victoria diplomática. En realidad, fue una operación de blanqueo internacional. Obiang necesitaba romper su aislamiento, presentarse como socio aceptable y colocar a la dictadura en salones donde se habla de cooperación, democracia y derechos humanos, precisamente lo que Malabo niega a sus propios ciudadanos.

El problema es que, más de una década después, los compromisos siguen en el aire. El portugués no forma parte real de la vida cotidiana del país. La apertura democrática nunca llegó. Las denuncias de torturas, detenciones arbitrarias, desapariciones y represión siguen marcando la realidad nacional. Y la abolición de la pena de muerte continúa rodeada de dudas por su permanencia en el ámbito militar.

La CPLP quiso ganar un miembro rico en petróleo y terminó importando una dictadura. Ese es el pecado original. A Obiang le sirvió para mejorar su imagen exterior; a la organización, en cambio, le dejó una contradicción difícil de esconder, exigir principios democráticos mientras se sienta a la mesa con uno de los regímenes más longevos y cerrados de África.

Por eso la eventual presidencia de Guinea Ecuatorial no sería una simple rotación administrativa. Sería una fotografía demoledora. La dictadura que no cumple los valores de la CPLP pasaría a representarlos. El régimen que utiliza el portugués como decorado diplomático hablaría en nombre de la lusofonía. El poder que persigue a sus críticos presidiría una comunidad que presume de derechos y cooperación.

La cuestión ya no es solo si Guinea Ecuatorial cumple o no cumple; sino cuánto está dispuesta la CPLP a rebajar sus propios principios para no incomodar a Malabo.

Treinta años después de su nacimiento, la organización no solo debe mirar hacia el futuro. También debe mirarse al espejo. Y en ese espejo aparece Teodoro Obiang.

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