Getesa en quiebra: Teodorín Obiang se improvisa salvador financiero tras haber saqueado el país

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Frente a la quiebra técnica y financiera de la compañía nacional Getesa, arruinada por décadas de saqueo, la dictadura de un clan agotado intenta darse un lavado de imagen tecnológico. Detrás de las promesas de fibra óptica y 5G anunciadas en el Palacio del Pueblo, Teodorín Obiang trata torpemente de recuperar el control de un pozo sin fondo financiero para salvar los últimos privilegios del régimen.

Por OLBIF

Es el gran clásico de los regímenes autocráticos en decadencia: cuando todo se derrumba por culpa de la corrupción endémica, se prometen milagros tecnológicos. El pasado viernes, en el decorado cuidadosamente preparado del Palacio del Pueblo de Malabo, el hijo del dictador y vicepresidente de fachada, Teodorín Nguema Obiang Mangue, reunió a sus ministros y al nuevo director de la Sociedad de Telecomunicaciones de Guinea Ecuatorial (Getesa) para validar un plan de modernización de un año. Pero que el pueblo guineoecuatoriano no se deje engañar, esta supuesta revolución digital no es más que la confesión de una quiebra generalizada.

El plan presentado por el nuevo director técnico, el malgache Charles Borome Razafimahatratra, parece un catálogo de ciencia ficción para un país donde los cortes de electricidad y las caídas de red forman parte de la vida cotidiana. Se promete optimizar la red nacional, instalar Wi-Fi público en algunas ciudades escaparate como Malabo, Bata y Oyala, introducir en el futuro la tecnología 5G e incluso integrar inteligencia artificial. El proyecto también impone el sistema biométrico KYC, una herramienta ideal para un régimen obsesionado con vigilar a su población y controlar las comunicaciones.

Pero, ¿cómo financiar estos lujos tecnológicos cuando la empresa pública ha sido vaciada por los cortesanos del régimen? La primera fase debe ejecutarse en apenas dos meses, un plazo imposible pensado únicamente para crear una ilusión mientras las infraestructuras básicas siguen hundidas en el abandono.

Cuando la dictadura descubre el rigor contable

El ridículo de la reunión alcanzó su punto máximo cuando Teodorín Obiang se transformó repentinamente en censor de la buena gestión financiera. El hijo del déspota ordenó reforzar los controles internos, acabar con las ventas a crédito y limitar estrictamente las tarjetas bancarias de la empresa. Resulta irónico que un hombre mundialmente conocido por sus gastos extravagantes y sus bienes mal adquiridos venga ahora a dar lecciones de austeridad presupuestaria.

Al imponer cuentas conjuntas entre la compañía y el Tesoro Público, además de exigir informes mensuales, el clan gobernante no busca sanear la economía. Lo que pretende es asegurarse de que los ingresos de la futura plataforma “Getesa Money” y de los microcréditos caigan directamente en los bolsillos de la camarilla en el poder. La reestructuración anunciada del personal no es más que otra purga destinada a colocar fieles en puestos estratégicos, apartando las pocas competencias locales que todavía sobreviven.

En Guinea Ecuatorial, como en otras dictaduras de África Central, la tecnología jamás servirá al desarrollo mientras las instituciones sigan secuestradas por una oligarquía insaciable. Modernizar Getesa sin barrer la corrupción instalada en la cúpula del Estado equivale a pintar la carrocería de un coche cuyo motor ya fue vendido hace tiempo. El pueblo guineoecuatoriano, que paga internet a precio de lujo por un servicio deplorable, sabe perfectamente que no serán los algoritmos ni la inteligencia artificial quienes liberen la economía del país, sino el fin del sistema Obiang.

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