El huésped incómodo del dictador Obiang anuncia su vuelta a Gambia

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El exdictador gambiano Yahya Jammeh, refugiado en Guinea Ecuatorial desde su caída en 2017, vuelve a ocupar titulares tras anunciar su intención de regresar a Gambia en noviembre de 2025. Pero más allá del anuncio, su exilio en Malabo revela una de las facetas menos comentadas del régimen de Teodoro Obiang: su hospitalidad con tiranos caídos, convertida en política de Estado.

Jammeh vive en Mongomo, el feudo familiar del clan Obiang, bajo una estricta custodia militar. Según el acuerdo de salida negociado por la CEDEAO, el expresidente gambiano debía residir en Guinea Ecuatorial bajo “garantías de seguridad”, una fórmula diplomática que en la práctica lo mantiene vigilado y controlado. En estos años, se le ha visto en numerosos festejos y ceremonias privadas en los palacios de la familia dictatorial de Malabo, lo que confirma su estancia prolongada en el país y la estrecha relación que mantiene con el entorno más íntimo del poder.

En 2019, la muerte de Aja Asombi Bojang, madre de Jammeh, expuso la dimensión política de ese exilio. La noticia fue confirmada por The Point y The Standard (Banjul), que detallaron que una de las hijas del dictador Teodoro Obiang viajó personalmente con el féretro a Gambia a bordo de un avión oficial. Jammeh no recibió permiso para acompañar el cuerpo de su madre, lo que muchos interpretaron como una muestra de que su “refugio” en Guinea Ecuatorial es, en realidad, una detención dorada vigilada por el régimen que lo acoge. La operación fue presentada por la prensa oficialista de Malabo como un “gesto humanitario” del dictador hacia su invitado, aunque las fuentes diplomáticas lo describen más bien como un movimiento calculado para reforzar la lealtad y el silencio de Jammeh.

Mientras tanto, la Comisión de Verdad, Reconciliación y Reparaciones (TRRC) de Gambia ha documentado más de 250 asesinatos, desapariciones y casos de tortura durante los 22 años de su régimen, según su informe final publicado en 2021. La CEDEAO y las Naciones Unidas han recomendado la creación de un tribunal híbrido para juzgar sus crímenes, un proceso que avanza lentamente debido, entre otras razones, a la protección que le ofrece el régimen de Malabo. El diario Le Monde y la agencia AFP ya advirtieron en 2024 que Guinea Ecuatorial “bloquea cualquier intento de extradición o de cooperación judicial” mientras Jammeh permanezca bajo su tutela.

Con su reciente anuncio de retorno, Jammeh parece medir la temperatura política en Banjul y tantear una posible rehabilitación. Sin embargo, su presencia en Guinea Ecuatorial es un espejo donde se reflejan las viejas complicidades africanas: dictadores que se protegen entre sí en nombre de una fraternidad que nada tiene que ver con la justicia ni con la dignidad de los pueblos.

Porque, como recuerdan muchos exiliados gambianos, “Guinea Ecuatorial no es su santuario, es su prisión dorada”. Y ese vínculo incómodo entre los dos regímenes sigue siendo una mancha que ni el tiempo ni la propaganda pueden borrar.

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