El cuento de nunca acabar. En el país de los Obiang, los años no pasan, todo sigue igual o peor

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Por José Eugenio Nsue

Si bien el espíritu navideño y la alegría de saber que Dios Creador nos ha enviado a su Hijo Unigénito a visitarnos y demostrar que nos ama y quiere lo que hace todas las personas de bien seamos felices, pasemos felices pascuas y el año nuevo sea próspero; y como nos felicitamos mi querido y admirado primo Carlos y yo, todas las Nocheviejas: ‘ si en el Nuevo Año no mejoramos, por lo menos que mantengamos lo que tenemos’; sin embargo, con los familiares, parientes, amigos y conocidos que tenemos en la Guinea de los Obiang no podemos desearles ninguna felicidad porque no son felices, ni la prosperidad porque están en una constante precariedad, viven en apuros y en la miseria. Felicitarles, sería o parecería como si nos estamos burlando de ellos en su sufrimiento, angustia y desgracias aunque solo sea un deseo. En la Guinea de los Obiang, el tiempo no pasa, siempre lo mismo.

Humanamente, uno quisiera comenzar el año en positivo, transmitir buena vibra, ser optimista ya que siempre que hay vida, habrá esperanza, en cambio eso no se cumple en el país tras más de 46 años que lleva en el poder esa familia maligna. Cuando pensábamos que lo habíamos visto todo, habíamos vivido lo peor, ocurre lo pésimo y así hasta ahora.

Hemos vuelto a recibir el año con calamidades, llantos y desgracias, accidentes gravísimos y evitables, asesinatos, escasez de los productos básicos, enfermos que quieren salir a curarse fuera y no les dejan, gente que quiere trabajar y no encuentra trabajo y los pocos que trabajan no cobran. Cuando se creía que ese nefasto año para los guineoecuatorianos por fin había pasado y podían los habitantes del país albergar la esperanza de un amanecer prometedor y soñar con una vida digna, tres días después del año nuevo, las desgracias aumentan; de pronto hemos sabido que un sargento de policía armado y ebrio ha matado a dos mujeres, una de ellas era su pareja sentimental o amante que habría ido a desearle felices fiestas en su puesto de trabajo en una barrera de Micomiseng; según los comentarios de las redes sociales, el homicida es un borracho habitual y aun así le dejan un arma y le destinan a una barrera; en un barrio de Bata, en Niefang otro enajenado ha matado a machetazos a su pareja/compañera sentimental; en un barrio de Bata, un joven se cae de la azotea donde se subió junto con otro para celebrar el año nuevo, de milagro no se mató; a finales de diciembre, se volvieron a ver largas colas de ciudadanos con bombonas en busca de gas para cocinar y era misión imposible; otras colas larguísimas en los sucursales del Banco Nacional de Guinea Ecuatorial, BANGE, de ciudadanos que querían retirar sus ahorros o sueldos para hacer las compras de Navidad o viajar a sus pueblos a pasar las fiestas, no podían hacerlo porque «no había liquidez», en lugar de avisar a la población de que el banco carecía de dinero y que los clientes no se molestasen a acercarse y perder el tiempo haciendo cola, se les decía que había fallo del sistema; otro apagón monumental en Malabo en pleno 31 de diciembre; hasta la Selección Nacional que daba alguna alegría al país con algún triunfo, se ha diluido esta vez como un azúcar al volver del CAN con 0 puntos…

Esta es la cruda realidad que vive la población guineoecuatoriana desde que accedió a la independencia y gobiernan los Nguema, el tío Macías Nguema, el sobrino Obiang Nguema y ahora Nguema Obiang; en total más de 57 años. Los guineoecuatorianos que viven en el país no saben lo que es vivir en libertad, cómodos o ser felices por eso, desearles felices fiestas y próspero año nuevo, parece una burla, vacile o chiste, para mí que quiero mucho a los míos y quiero lo mejor para ellos y no puedo jugar con su situación que me duele mucho como me duele lo que pasa en mi país de nacimiento.

En el caso de Guinea, nunca dejaré de citar a Albert Einstein en su definición de la locura: «hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes». Esperar que los Obiang vayan a hacer algo que valga y sirva para los guineoecuatorianos después de más de 46 años en el poder, estamos apañados, estamos locos; ¿cómo vamos a esperar que los que nos han llevado a la ruina, llamado pobres mentales por consiguiente inútiles e inservibles, llaman a sus propios colaboradores y parientes ladrones y corruptos, sean los que nos saquen de este abismo, arreglen el país y permitan que vivamos dignos?

El colmo ha sido el Decreto infame, ofensivo y provocador de declarar a Djibloho, Oyala, Ciudad de la paz o como se llame, capital de la nación. Con este Decreto, este descarado ha borrado de un plumazo y desterrado todos los esfuerzos que hicieron los Padres de la Independencia para que el naciente Estado de la República de Guinea Ecuatorial pluriétnica y pluriregional pudiésemos convivir en fraterna unión, sin discriminar y sin separación, por eso se acordó que Malabo, Bioco o Santa Isabel fuera la Capital, que si él Presidente o Jefe de Estado era de una etnia, el Vicepresidente o Jefe de Gobierno fuera de la otra etnia.

El hombre, al ser el único hombre del país lo ha cambiado todo; todo el poder lo encarna él y su familia, también ha cambiado la capital del país unilateralmente sin contar ni con el Parlamento ni con el Senado, y sin explicar qué gana el país llevando la capital en pleno bosque rodeado de chimpancés, gorilas y orangutanes. Ahora sabemos por qué nunca quiso reformar ni mejorar los barrios capitalinos de Los Ángeles, Campo Yaunde o Ela Nguema donde vive el 90% de los habitantes de la capital; ¿cómo es posible que se cuide más a los simios construyéndoles aeropuerto (Mongomeyen), hoteles de lujo y mansiones, que las personas?

Mi cuñado R. M. se enfada conmigo cuando afirmo que muchos que han nacido en Guinea no son humanos, si no humanoides. Visto lo visto y con esa gentuza en el poder, me reafirmo: en Guinea no hay humanos, hay humanoides porque ni se puede permitir lo que permiten algunos, ni se puede hacer lo que hacen otros.

A ver si tras la captura de Maduro y esposa, Donald Trump también se acuerde de la Guinea Ecuatorial para capturar igualmente a esa familia sátrapa y asesina. El comienzo del año promete.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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