Educación en Guinea Ecuatorial: vender humo mientras la escuela se hunde

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Mientras el sistema educativo se desploma, el clan en el poder se regala una nueva parodia de gestión. Entre informes opacos sobre los ingresos del primer trimestre y discursos de autosatisfacción sobre infraestructuras en ruinas, el segundo consejo de dirección del Ministerio de Educación, celebrado este 30 de abril, vuelve a mostrar el abismo entre la propaganda oficial y la realidad de un pueblo sometido.

Por OLBIF

Clemente Engonga Nguema y su camarilla volvieron a reunirse a puerta cerrada. Bajo los decorados dorados de Malabo, el Ministerio de Educación, Ciencias, Enseñanza Profesional y Deportes parió otro acta más, de esas cuya única utilidad consiste en justificar la existencia de una administración inflada, costosa y devoradora de presupuesto. Para nosotros no hay sorpresa alguna, es el ritual habitual de los servidores de Obiang.

La opacidad financiera convertida en método

El primer punto del orden del día daría risa si no estuviéramos ante el saqueo de una nación: la “justificación de los ingresos” del primer trimestre. En un país donde la corrupción es el aceite que mueve los engranajes del Estado, no cuesta imaginar la supuesta seriedad de ese ejercicio contable. ¿De qué ingresos hablan cuando los padres de alumnos se desangran para comprar materiales que nunca aparecen, mientras las becas se reparten según el grado de sumisión al régimen?

Mientras tanto, Constantino Obiang Esono Ayingono, ministro delegado y otro miembro del entramado familiar colocado en el área de Infraestructuras, presentó el informe de su “gira nacional”. Un viaje de placer pagado por el contribuyente para constatar lo que todo el mundo sabe desde hace años: las escuelas se caen a pedazos, las instalaciones deportivas son un espejismo y la enseñanza profesional sigue siendo una promesa vacía para una juventud empujada al desempleo o al exilio.

La supervivencia gracias al extranjero y el desprecio por lo local

Uno de los momentos más reveladores de la reunión fue la preocupación de Clemente Engonga por los alojamientos de la Brigada Educativa Cubana. La cooperación puede ser necesaria, sí, pero ese interés repentino deja al descubierto otra realidad, la incapacidad del régimen para formar, cuidar y tratar con dignidad a sus propios docentes nacionales.

Se cuida la imagen internacional y se atiende a los cooperantes, mientras los profesores guineoecuatorianos sobreviven con salarios miserables, muchas veces alojados en condiciones indignas, lejos de los focos y de los comunicados triunfalistas que salen de esos consejos de dirección.

Para cerrar la función, Engonga Nguema pidió a sus direcciones trabajar “en armonía”. Traducido al lenguaje que entiende el lector de Radio Macuto, sigan sin hacer ruido, no molesten al sistema y sirvan sin hacer preguntas.

Una caída programada

Este consejo de dirección no es más que otra cortina de humo. En Guinea Ecuatorial, como ocurre en otras autocracias de la subregión, la educación no se concibe como una herramienta de emancipación, sino como un instrumento de control. Empobreciendo el conocimiento, el régimen cree asegurar su propia supervivencia.

Pero Clemente y sus acompañantes no deberían confundirse, ningún pueblo puede ser alimentado eternamente con actas, informes de giras imaginarias y discursos de armonía administrativa. La ruina del sistema educativo es también el prólogo de su propio final.

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