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El régimen de Obiang intenta un nuevo golpe de comunicación con la reforma de un Código Civil de más de cien años. Si el fin de la obligación del levirato para las viudas supone un avance, este retoque jurídico difícilmente puede ocultar la realidad de un Estado donde los derechos fundamentales son pisoteados. Entre promesas de modernidad y prácticas arcaicas, Radio Macuto descifra esta maniobra de distracción política.
Por OLBIF
El anuncio ha caído como una enésima promesa de un mañana radiante. El departamento de Justicia, dirigido por uno de los servidores del clan en el poder, Reginaldo Biyogo, acaba de reactivar el proyecto de reforma del Código Civil. Oficialmente, se trata de adaptar las leyes a las “realidades actuales”. Extraoficialmente, estamos ante una operación de cosmética jurídica dirigida por un Gobierno que desde 1979 confunde el tesoro público con su cuenta bancaria personal.
Una modernización a dos velocidades
Desde hace más de un siglo, Guinea Ecuatorial arrastra una legislación colonial polvorienta. Ha tenido que llegar 2026 para que Malabo descubra que el mundo ha cambiado. El proyecto pone por delante avances en materia de sucesiones y régimen matrimonial. ¿El anuncio estrella? Las viudas ya no estarían obligadas a casarse con el hermano de su marido fallecido.
Si la abolición formal de esta práctica constituye una victoria para la dignidad humana, también subraya el inmenso retraso de una dictadura que ha preferido invertir en palacios y coches de lujo antes que en la evolución social y la educación de su pueblo.
La ilusión del derecho en una dictadura
Biyogo se atreve a hablar de “respeto de los derechos humanos” y de “equidad”. Viniendo de un ministerio que sirve de brazo armado a la familia Obiang para amordazar a la oposición y proteger los intereses de los nepotistas, el argumento provoca una sonrisa amarga, si la situación no fuera tan dramática.
¿De qué sirve reformar el Código Civil cuando el Código Penal sigue funcionando como herramienta de tortura y la independencia de la justicia no es más que una ficción?
Como ocurre entre los vecinos de África Central, donde las gerontocracias se aferran al trono simulando reformas democráticas, el poder de Malabo intenta comprarse una respetabilidad internacional a bajo coste. Se cambian algunas comas sobre el matrimonio, pero nunca se toca el derecho a protestar, a votar libremente o a pedir cuentas sobre la gestión petrolera.
En Guinea Ecuatorial, la ley no es más que un traje de gala que el régimen ajusta según sus necesidades diplomáticas del momento. Modernizar el Código Civil es una cosa; liberar al pueblo del yugo de la corrupción y del miedo es otra muy distinta.
Mientras la voluntad de cambio no sea más que tinta sobre papel, los ciudadanos seguirán siendo rehenes de un sistema que solo reconoce un código, el de la supervivencia del clan.