
Una captura filtrada agrava la guerra interna en el INSESO y salpica a Juana Magdalena Obono Ntutumu
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La imagen, reenviada a las 23:22 a allegados de Juana Magdalena Obono Ntutumu y a la que ha tenido acceso Radio Macuto, revela que en ese entorno ya se manejaba desde anoche la caída del Delegado Nacional del INSESO. La captura se suma a informaciones sobre contrataciones bajo padrinazgo político, facturas bajo revisión y una crisis interna cuyo alcance real sigue pendiente de aclararse tras el fin de semana.
La captura de pantalla a la que ha tenido acceso esta página no retrata precisamente una institución en orden, sino un organismo devorado por sus propias facciones. El mensaje, reenviado por WhatsApp a las 23:22 entre allegados de Juana Magdalena Obono Ntutumu, decía textualmente: “Noticia de Última hora, el DN ya está en la Gendarmería…. antesala de su CESE y Camino a Black Beach…”. No es el lenguaje de una administración seria ni el de un órgano obligado a rendir cuentas al país. Es el tono de una cacería interna narrada como si fuera una victoria de clan.

La relevancia de esa imagen no reside solo en lo que dice, sino en lo que deja al descubierto. Antes de que existiera explicación pública alguna, en ese entorno ya circulaba la versión de que la caída del Delegado Nacional estaba encarrilada. La captura no prueba por sí sola la autoría original del mensaje ni confirma judicialmente la situación del alto cargo mencionado, pero sí muestra que, alrededor de Juana, el asunto ya se maneja como un desenlace esperado.
A esa señal se suman ahora nuevos mensajes recibidos por nuestra redacción que amplían el trasfondo de la crisis. Según esas comunicaciones, casi todos los nuevos incorporados al INSESO habrían entrado con notas del partido y recomendaciones de poderosos del país. No estaríamos, por tanto, ante una institución guiada por criterios técnicos o procedimientos transparentes, sino ante el mismo esquema de reparto de puestos entre protegidos, recomendados y fieles políticos que lleva años carcomiendo la administración guineoecuatoriana.
Las nuevas informaciones recibidas por Radio Macuto introducen además nombres y movimientos concretos dentro de esa guerra soterrada. En uno de los mensajes se asegura que Ramón, responsable de nóminas junto a D. Tomás Esono Ava y señalado como persona próxima a Maripaz, habría sido descubierto inflando nóminas y despedido por la nueva directiva, pero luego reincorporado. En otro, se sostiene que Maripaz habría empezado a mover ficha con ayuda de Job. Son afirmaciones graves que no hemos podido verificar de forma independiente al cierre de esta publicación, pero que ayudan a entender por qué la tormenta abierta en el INSESO no se está leyendo internamente como una simple revisión administrativa, sino como un ajuste de cuentas entre redes de influencia.
El contenido de esos mensajes va aún más lejos. Una de las fuentes afirma que “de todos los chanchullos de Maripaz y los contratos de personal no se ha hablado hasta hoy”, mientras otra sostiene que, cuando a esa figura “le ponen en su sitio”, promete represalias y que “ahora estamos viendo los resultados de sus amenazas”. El retrato que emerge de ese intercambio no es el de una institución que detecta fallos y corrige procedimientos, sino el de un campo minado por rencores acumulados, amenazas veladas y facciones que esperan el momento de pasar factura.
También aparece en esos mensajes una lectura política del momento actual, “Una vez fuera Manuel Osa como PCA, tienen que ir a por el resto”. La frase, por sí sola, revela que dentro del INSESO hay quienes interpretan lo que está ocurriendo no como un expediente aislado, sino como una operación más amplia de barrido interno. Si esa percepción es correcta, el país no estaría ante una simple caída del Delegado Nacional, sino ante el inicio de una cadena de sacrificios destinada a redistribuir poder, proteger a unos y exponer a otros.
La misma fuente sostiene, además, que el vástago consentido del dictador habría dado un plazo de tres meses para presentar todas las facturas, mientras ningún documento debía firmarse sin la aprobación del consejo de administración. Si esa cadena de control existía realmente, la pregunta es inevitable; si todo debía pasar por arriba, ¿quién dejó avanzar el supuesto desorden hasta este punto? Y si nada se firmaba sin filtro, ¿por qué ahora se pretende que toda la responsabilidad recaiga de golpe sobre unas pocas piezas?
Sobre Juana Magdalena Obono Ntutumu pesan, además, duras críticas internas recogidas por esta redacción. Según las fuentes consultadas, su paso por la Secretaría General del INSESO estaría marcado por la inoperancia, ausencias prolongadas y una dedicación intermitente difícil de conciliar con la responsabilidad del cargo. Algunas versiones sostienen incluso que, durante más de una década en el organismo, habría pasado más tiempo en España que ejerciendo de forma continuada sus funciones en Guinea Ecuatorial. No se ha podido verificar estas afirmaciones, pero su circulación en pleno estallido interno mide el nivel de deterioro, resentimiento y fractura que atraviesa hoy la institución.
Lo que empieza a aflorar en el INSESO se parece menos a una depuración administrativa que a una guerra entre camarillas. Primero entran los recomendados del partido y de los corruptos del sistema. Después, cuando cambian los equilibrios de poder, aparecen de repente las facturas, las nóminas bajo sospecha, los expedientes, la Gendarmería y la amenaza de Black Beach. No es limpieza institucional. Es la forma habitual en que un aparato podrido intenta reciclar su propia miseria sacrificando piezas cuando la pelea interna ya no puede seguir escondiéndose.
Al cierre de esta publicación, Radio Macuto no ha podido verificar de forma independiente la situación exacta del Delegado Nacional, la autoría original del mensaje reenviado ni varias de las acusaciones cruzadas que circulan en estas horas sobre contrataciones, nóminas y reacomodos internos. Tampoco consta una explicación oficial por parte del INSESO ni del aparato de propaganda oficial del régimen. Todo indica, sin embargo, que la verdad de este episodio empezará a despejarse después del fin de semana, cuando se vea si el mensaje era una maniobra de intimidación, una purga ya decidida o el estallido abierto de una lucha por cuotas de poder dentro de una institución estratégicamente sensible.
En el INSESO no solo huele a contrataciones bajo padrinazgo y decisiones tuteladas desde arriba. También empieza a asomar una cultura de vendetta en la que la caída del enemigo a batir se anuncia por WhatsApp antes de que los ciudadanos conozcan los hechos. Y cuando una institución llega a ese punto, deja de administrar un servicio público; pasa a retratar, sin maquillaje, la podredumbre del régimen que la controla.











