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La rentabilidad de BANGE vuelve a servir al régimen como escaparate de solvencia financiera. El banco público presentó un beneficio cercano a los 5.000 millones de francos CFA en 2025, pero el dato no despeja las dudas sobre el control político, el acceso real al crédito y la opacidad que rodea al sistema bancario guineano.
Las cuentas aprobadas en la última Junta General Ordinaria de Accionistas ofrecen una fotografía cómoda para el discurso oficial. El beneficio de BANGE creció en torno a un 10 % durante el ejercicio 2025, según Financial Afrik, mientras el banco presenta más fondos propios y expansión regional como prueba de fortaleza.
La cifra concreta difundida por la propia entidad sitúa el resultado neto en 4.960 millones de francos CFA. El banco también asegura haber superado los 84.447 millones de francos CFA en fondos propios y haber incorporado más de 10.000 nuevos clientes durante el año.
La reunión estuvo presidida por Martín Crisanto Ebe Mba, presidente del Consejo de Administración. En ella se evaluaron los resultados de 2025 y se renovó la confianza en el equipo directivo encabezado por Emilio Moyo Avoro y Maricruz Engonga Obono.
El relato institucional insiste en la estabilidad, la innovación y el crecimiento. También destaca la evolución de las filiales del grupo, entre ellas BANGE Bank Cameroun, BANGE Bank Benin, BANGE EFC España, BANGE Sociedad de Valores y BANGE Business School.
Sin embargo, el beneficio de un banco público no puede analizarse como una cifra aislada. BANGE opera en una economía donde el Estado, el partido gobernante y los grandes circuitos financieros se cruzan con demasiada frecuencia. Esa cercanía convierte cualquier balance positivo en algo más que un resultado contable.
La pregunta de fondo no es si BANGE gana dinero; sino, quién se beneficia de esa aparente fortaleza. Donde miles de ciudadanos siguen excluidos de la financiación formal, los beneficios del banco contrastan con la dificultad de pequeñas empresas, autónomos y familias para acceder a crédito en condiciones normales.
El sistema financiero guineano sigue marcado por una fuerte concentración. Informes internacionales han señalado que el sector está dominado por pocos bancos y que BANGE ocupa una posición central por su naturaleza pública y su peso en el mercado. Esa estructura reduce la competencia y deja demasiado margen al control político.
La morosidad, la falta de transparencia y el peso del Estado siguen siendo problemas de fondo. Por eso, presentar los beneficios como una simple prueba de éxito resulta incompleto. Un banco puede ganar más y, al mismo tiempo, no cumplir una función real de inclusión financiera para la mayoría de la población.
El régimen necesita exhibir instituciones rentables. Lo necesita más aún en un momento en que el relato petrolero pierde fuerza y la economía nacional arrastra años de deterioro. Ante eso, BANGE funciona como una vitrina, muestra cifras, proyecta expansión y vende confianza.
Pero la vitrina no sustituye a la realidad. Si el crecimiento bancario no se traduce en crédito accesible, competencia limpia, transparencia y apoyo a la economía productiva, el beneficio queda reducido a propaganda financiera. BANGE presume de músculo, pero el ciudadano común sigue esperando que esa fortaleza llegue alguna vez a su bolsillo.