Mantente Informado y Participa en la Comunidad
Ingrese su dirección de correo electrónico a continuación y suscríbase a nuestro boletín

Miguel Ángel Nguema Bee habló de corrupción, mentira y abuso de poder en la misa del 58.º aniversario, con toda la cúpula del régimen en primera fila. Sin nombres, pero sin rodeos.
Ante Obiang, el obispo retrata un país esclavo de la corrupción y el abuso de poder
En la misa del 58.º aniversario, el régimen de Teodoro Obiang escuchó desde la primera fila el retrato de un país que celebra su independencia mientras sigue sometido a la corrupción, la mentira y el abuso de poder.
Mons. Miguel Ángel Nguema Bee, obispo de Bata y administrador apostólico de Malabo, presidió el lunes 12 de octubre la misa del 58.º aniversario de la independencia de Guinea Ecuatorial, en la fiesta de Nuestra Señora del Pilar. En primera fila estaban Teodoro Obiang, en el poder desde el golpe de 1979, y su esposa, Constancia Mangue. A su lado, Teodorin, el vicepresidente de su padre, el primer ministro, los presidentes de los órganos constitucionales, los mandos militares y el cuerpo diplomático. Toda la cúpula del régimen, delante del altar.
En el texto íntegro de la homilía, difundido por la Archidiócesis de Malabo en su canal de WhatsApp, el obispo cumple con el protocolo. Da gracias por la independencia y por quienes «han contribuido a su construcción». Después, ante quienes llevan 47 años gobernando el país, enumera los males que lo atenazan. Corrupción, injusticia, mentira, divisiones y abuso de poder. No pronuncia un solo nombre. Y cuando la denuncia alcanza su punto más alto, la reparte entre todos los ciudadanos, como si la responsabilidad del saqueo fuera la misma en un despacho de Malabo que en una casa de Ebebiyín.
«Un pueblo puede ser políticamente independiente y, sin embargo, permanecer esclavo de la corrupción, la injusticia, el egoísmo, la mentira, las divisiones y el abuso de poder», afirmó Nguema Bee mirando a los bancos oficiales. No basta con proclamar la honestidad «si toleramos la corrupción», añadió, ni con presumir de patriotismo si se busca «únicamente nuestro beneficio personal». Desmontó también el discurso favorito del régimen. Un país no se mide solo por sus obras ni por su crecimiento económico, sino por la dignidad de su gente y por las oportunidades que da a los más vulnerables. Y advirtió de que no basta con pedir a Dios que bendiga Guinea Ecuatorial. Hay que construir el país con las propias decisiones y la propia conducta.
El obispo citó al papa León XIV. El 21 de abril, en el mismo Palacio Presidencial de Malabo, el Pontífice pidió a los gobernantes que se atrevieran con políticas a contracorriente y centradas en el bien común. Esos mismos días, la oposición en el exilio escribió al Papa para denunciar un país secuestrado por la familia presidencial. Seis meses después nada ha cambiado. La semana previa al aniversario, Malabo volvía a hacer cola por gasolina en uno de los países petroleros del golfo de Guinea. Y el 29 de septiembre el mismo prelado ya había alertado contra el negocio de la fe y pedido al Estado que protegiera a las víctimas de abusos.
La Iglesia no solo lo dijo ante el régimen, también decidió difundirlo. El régimen, en cambio, escuchó su propio retrato, salió de la misa y volvió al palacio como si la homilía fuera para otro.
¿Cuántas homilías más necesita un país para que alguien en la primera fila deje de fingir que no va con él?
MBURADJAM YA MBEMBA NSILÍ: ¿CUÁNTAS HOMILÍAS HACEN FALTA PARA QUE SE ENTEREN Y HAGAN ALGO?
AUNQUE PEDIRLE QUE CAMBIE ESA GENTUZA, ES COMO PEDIR QUE EL CIELO BAJE A LA TIERRA. IMPOSIBLE.