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El bosque de Bioko permanece intacto pero los monos huyen de los cazadores. Trece años después de prohibir la caza de primates, no hay vigilancia en la reserva protegida y el comercio continúa abiertamente.
Una expedición científica en la isla de Bioko ha constatado que el bosque de la Gran Caldera y la Reserva Científica de las Tierras Altas del Sur se mantiene en buen estado, pero las poblaciones de primates han disminuido de forma drástica por la caza furtiva. Los monos ya no se muestran confiados ante la presencia humana: huyen y emiten señales de alarma, un comportamiento que los investigadores atribuyen directamente a la persecución constante de los cazadores. Entre las especies más amenazadas figuran los colobos rojos y los driles, subespecies únicas de esta isla que hace 12.000 años se separó del continente africano.
Según publica Infobae con información de National Geographic, en 2007 el régimen de Teodoro Obiang prohibió por decreto la captura, venta y consumo de carne de primates. La medida tuvo un efecto inmediato: los cadáveres de monos desaparecieron de los mercados durante dos meses. Sin embargo, el comercio reapareció poco después. Al día siguiente del regreso de la expedición a Malabo, los investigadores encontraron a la venta un drill y dos colobos rojos. Trece años después de la prohibición, el mercado continúa.
Gail Hearn, impulsora del programa de protección de la biodiversidad en Bioko, ha señalado que los cazadores entran sin obstáculos en la zona protegida porque no hay vigilancia. Incluso en el mercado de Malabo los vendedores dicen descaradamente que la carne procede de la Gran Caldera. La apertura de nuevas carreteras ha facilitado aún más el acceso a zonas antes remotas. Los científicos han detectado que cuanta más cercanía hay a caminos y asentamientos, mayor es la cantidad de disparos registrados en el bosque.
Radio Macuto ya documentó que el comercio de carne de bosque no ha dejado de crecer pese a las leyes que lo prohíben. En un estudio publicado en 2025 se contabilizaron en Malabo y Bata miles de animales silvestres a la venta, entre ellos especies protegidas. La prohibición de 2007 no se ha traducido en vigilancia real ni en controles efectivos en los mercados. El aumento del poder adquisitivo ligado a los ingresos petroleros elevó además la demanda de carne de mono, considerada un producto caro y apreciado.
El bosque sigue intacto, faltan son los animales que deberían habitarlo. No se ha destruido un solo árbol, pero se está acabando con los animales que lo pueblan.
La pregunta que nadie responde es por qué se dictan normas y se declaran reservas si luego se deja entrar a quien dispara sobre lo que se prometió proteger
Mientras la vigilancia brille por su ausencia, los monos seguirán desapareciendo aunque el bosque siga en pie.