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Por José Eugenio Nsue
Una de las anomalías que padece Guinea Ecuatorial que hace, desde nuestro punto de vista, que nada cambie, todo empeore irremediablemente en el país, es por un lado la incompetencia de sus dirigentes; por otro lado, la condescendencia de su clase de dirigentes, y por otro lado, la condescendencia, la permisibilidad de las autoridades con los delincuentes, maleantes y malhechores; todos aquellos (funcionarios, miembros del Gobierno, trabajadores del sector privado y el clero), que incumplen con su cometido y la normativa, roban, falsifican y se dejan sobornar y no reciben su correctivo, todo lo contrario, son aplaudidos, ascendidos o mantenidos en sus puestos. El ejemplo más fehaciente son Obiang y familia. Se quejan y acusan que su cuadrilla de sirvientes y monigotes eufemísticamente llamados ‘Ministros‘ o Miembros del Gobierno, de inútil y corrupta; amagan de cesarles para inmediatamente volver a nombrarlos y reafirmarlos en sus puestos o cargos. La única explicación que se nos ocurre es que al reconocer que están haciendo exactamente lo mismo; ¿para qué cambiar?
Lo incomprensible es que ese fenómeno se está dando también en el seno de la iglesia católica guineoecuatoriana. Los que pertenecemos a la iglesia, nos hemos criado y formado en ella, sabemos cómo funciona, sabemos la importancia de la jerarquía, la obligatoriedad del voto de obediencia explícita e implícitamente. Sin embargo, es por todos conocido y sabido que en las cinco Diócesis que tiene el país, cada vez crece el número de sacerdotes díscolos, insubordinados, rebeldes, vividores, repugnantes; unos auténticos versos sueltos que van por libres; hacen lo que quieren, viven como quieren y actúan al margen de la doctrina, los principios eclesiásticos y las directrices de los Ordinarios de sus correspondientes Diócesis y Órdenes religiosas; les pasa por los foros cualquier llamada de atención que se les puede hacer; sus comportamientos, actuaciones y actividades tanto en el seno de la iglesia como fuera de ella, nada tiene que ver con los preceptos, lo que se supone que ha de ser el cometido de la iglesia católica. Se dedican a hacer negocios lucrarivos sin disimular; se parecen más bien unos empresarios o miembros del Gobierno que se sabe que son unos golfos, corruptos, dicho por su Amo, antes que sacerdotes; gestionan sus parroquias que creen de su propiedad como sucursales bancarias, economatos o tiendas ultramarinas donde fijan los precios por cada sacramento (Bautismo, Eucaristía, Matrimonio…) o servicio prestado (sepelios, misas de difuntos o de acción de gracia, bendiciones de casas, viviendas, etc, etc), como les antojan y cobran por ellos; cada párroco díscolo impone sus precios al margen de lo estipulado en cada Diócesis; y a todo eso, se niegan a presentar las cuentas a sus Obispos, es más; los ingresos devengados van a parar a sus cuentas personales y no a las de sus parroquias, si es que cuentan con cuentas; se niegan a ser cambiados. Llevan público y abiertamente una doble vida: los domingos y fiestas religiosas, se ponen sotanas y dicen misas, después cambian los hábitos por trajes de lujo y se convierten en dandys, ligones y vividores; los hay que son polígamos, casados consuetudinariamente con hasta 3 mujeres, sin contar con las amantes; hay sacerdotes que son bebedores habituales que hasta se les cuesta oficiar la misa o se olvidan de que tenían misa y no dan ninguna explicación a sus Superiores. Los hay que entre sus múltiples negocios, tienen hoteles, flotas de coches para transporte público, decenas de casas de alquiler o venta, solares, granjas de animales y agrícolas; los mismos están infiltrados en los servicios de chivatos y espionajes al servicio del régimen criminal de los Obiang; están a sueldo y van armados.
Enumerar las actividades ilícitas, ilegales o delictivas y contrarias a la misión de la iglesia católica de los curas guineanos; puede hacer que estas reflexiones sean interminables. Pero todo se sabe y se conoce en esta Guinea Ecuatorial de los Obiang; todos los Obispos conocen, están al corriente de todo lo que hacen sus sacerdotes díscolos, y lo que nos preguntamos es: ¿por qué se callan y miran por otro lado? ¿Qué miedo tienen para actuar en consecuencia para defender el sagrado y buen nombre de la Institución que dirigen y representan y limpiar su imagen, y si fuera necesario cercenar los alacranes y la mala hierba que han infectado y ensuciado la iglesia católica guineoecuatoriana?
Se suele decir que quien calla otorga; se sabe que la corrección fraterna es la fórmula sagrada desde que Jesús instituyó, fundó la iglesia: «Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si así ni te hace caso, díselo a la Comunidad…» (Mt18, 15-20). En cambio, los hay que han estado fechorías, viviendo al margen de la iglesia, ensuciando y manchando su imagen años y años de manera impune; a la vez se sirven de la iglesia, llevan alzacuellos y sotanas cuando viajan y en las grandes ceremonias y se permiten llamarse ‘Padres’; han tomado el pelo a no uno, ni dos Obispos o Superiores, sin que les pase nada.
Si la misma Santa Sede expulsa y excomulga a los que saltan las normas eclesiásticas, son desobedientes y actúan por su cuenta y al margen (las Monjas de Belorado, Burgos, España, y los 6 Obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, los febvrianos). La «suspensión a divinis» o la «excomunión«, son dos medidas que la iglesia católica tiene para corregir el desorden, cercenar la mala hierba que ha querido invadir siempre la iglesia. Sin embargo, para nuestra iglesia crece la insubordinación, la deslealtad, las arbitrsriedades, la utilización espurea e interesada de la iglesia y los Sacramentos, y los Ordinarios de las Diócesis que conforman la Conferencia Episcopal de Guinea Ecuatorial, no hacen nada, no se dan por aludido, tampoco se dan cuenta que esas manzanas podridas en el seno de la iglesia guineana, están infectando a toda la institución que antaño gozaba de prestigio y respeto.
El que no tomen carta en el asunto de la insubordinación y despelote de esos sacerdotes, puede interpretarse de muchas maneras, al menos de dos maneras: los Obispos los tienen miedo porque saben que hacen lo mismo exactamente; como los Obiang con sus siervos mal llamados ‘Miembros del Gobierno‘ que los acusan de corruptos e inútiles cuando lo son igual o peores; puede ser también que los impresentables y díscolos sacerdotes que arruinan la reputación y la esencia de la iglesia, tienen cogidos los bemoles a sus Superiores hasta el extremo de que esos prefieren la apariencia, dejar que desangre la institución antes de hacer algo para salvar la iglesia y por el pueblo que tanto espera o esperaba de la iglesia católica, pero que ve cómo le está traicionando y dejándole solo.
Si no es así, veamos las decisiones del Monseñor Miguel Ángel Nguema Ebee en su nuevo destino, ya que si hay curas impresentables en Guinea, la Diócesis de Bata lleva la palma porque ha estado ingobernable mucho tiempo; ¿miento?
Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?