Imagen editorial de Radio Macuto en memoria de Iván

¡Mamá, llévame!

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La muerte de Iván, un niño de 12 años alcanzado por un proyectil durante unas maniobras militares en Bome, ha sacudido a Guinea Ecuatorial. Mientras el Ministerio de Defensa guarda silencio, el dolor de su madre desnuda una verdad brutal, nadie está a salvo bajo un régimen que convierte incluso la infancia en víctima.

No sé si hay algo más doloroso que ver a guineoecuatorianos que, supuestamente desde la diáspora y tras huir de aquello que en Malabo nos asfixia, la falta de libertades, la miseria institucional y la ausencia de lo más básico, se dedican después a la chivatería, a traicionar a quienes confiaron en ellos y a defender, en plena Europa, lo indefendible.

La madre del joven Iván, que en paz descanse, es desgraciadamente una de esas personas.

Hace apenas unos días, durante unas maniobras militares, “prácticas de tiro”, las llamaron algunos realizadas detrás de un campamento militar situado en Bome, un proyectil rebotó e impactó contra el menor, que se encontraba jugando frente a su casa, en el propio campamento.

Alguien grabó un audio y lo difundió en redes sociales. La noticia estremeció a casi toda la nación. Sin embargo, han pasado ya unos tres días y no existe una sola comunicación oficial del Ministerio de Defensa. La prensa nacional, vergonzosamente, también ha guardado silencio ante este trágico incidente.

La madre del niño, una supuesta “Antena” residente en el exterior, de esas que comen patatas con los demás mientras defienden al sistema que destruye el país, recibió la noticia y se le quebró el alma. Entonces empezó a “confesar” entre lágrimas.

El audio es largo. La mujer cuenta cómo dedicó toda una vida a defender a capa y espada a Teodoro Obiang y a su régimen. Entre llanto, culpa y desesperación, repite frases que hoy pesan como una condena moral:

Nadie podía criticarte en mi presencia y vivir para contarlo”.

Ahora me doy cuenta de que estaba muy equivocada”.

Tu régimen está sostenido por la sangre de los niños”.

Todo este tiempo has estado llenando el país de asesinos y borrachos”.

La mujer también recuerda la última vez que se despidió de su hijo en Guinea Ecuatorial. El niño no dejaba de repetir, “Mamá, llévame”, como si presintiera algo, como si aquella súplica infantil encerrara ya una despedida.

El vídeo circula por las redes. Es extenso y profundamente emotivo. Pero, más allá del dolor de una madre destrozada, sirve para recordar a todos nuestros compatriotas una verdad que aquí se ha repetido muchas veces, en Guinea Ecuatorial, nadie está a salvo.

Nadie.

Por eso hacemos un llamamiento a todos nuestros hermanos, tanto dentro del país como en la diáspora, no esperéis a que la anaconda entre en vuestras casas para abrir los ojos. Hay que desvincularse de ese sistema que solo nos ha traído lágrimas, más lágrimas y todavía más lágrimas.

No esperes a que maten a tu hijo.

No esperes a que el dolor te arranque la venda.

No esperes a que sea demasiado tarde.

Para Radio Macuto, Tito Bomabá

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