
Presupuesto 2027 en Malabo: la implacable huida financiera del régimen de Obiang
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El Tesoro Público de la dictadura guineoecuatoriana acaba de presentar un proyecto de presupuesto para 2027 con una subida vertiginosa del 27 %. Bajo la excusa de una supuesta “modernización”, el clan gobernante se dispone a engullir más de 20.800 millones de francos CFA, mientras ignora la miseria social y alimenta una burocracia mastodóntica y proyectos de prestigio envueltos en opacidad.
Por OLBIF
Mientras el pueblo de Guinea Ecuatorial sobrevive en la precariedad, privado incluso de los beneficios mínimos de las riquezas nacionales, los funcionarios más aplicados del poder se movilizan para justificar el saqueo institucionalizado. Mari Luz Eseng Osa Mangue, colocada al frente del Tesoro y de los Activos del Estado por la gracia del nepotismo reinante, se ha prestado a un ejercicio de comunicación cuidadosamente preparado desde el aparato de propaganda oficial del régimen.
El objetivo era defender lo indefendible: un aumento espectacular del gasto público para el ejercicio 2027.
20.800 millones de FCFA para alimentar el pulpo burocrático
El dato habla por sí solo. El presupuesto previsional de este departamento asciende a 20.838.724.172 francos CFA. Supone un incremento del 27 % respecto al año anterior, que la responsable del Tesoro intenta presentar como una forma de “inversión institucional”.
En realidad, dentro de esta África Central donde los presupuestos sirven primero para mantener cortes reales, clientelas políticas y redes de obediencia, esta nueva bolsa de dinero aparece destinada a ensanchar estructuras administrativas de utilidad más que dudosa.
Entre las vitrinas de esa pretendida modernidad, el régimen exhibe otra “ventanilla única para el comercio exterior”. El coste de la operación supera los 1.091 millones de francos CFA. Una cantidad enorme para una administración de fachada que, en muchos casos, termina convertida en una barrera más para los escasos operadores económicos independientes del país.
Allí donde el poder promete simplificar, suele instalar nuevos peajes. Y donde habla de modernización, casi siempre aparece otra caja opaca.
El espejismo de la transparencia ante las exigencias del FMI
La otra prioridad anunciada por la jefa del Tesoro revela el desorden interno del propio sistema: una nueva regularización del personal para adaptar la masa salarial a la “realidad administrativa”. Detrás de ese lenguaje técnico se esconde un viejo problema del Estado guineoecuatoriano: nóminas fantasma, favoritismo tribal y una gestión del empleo público convertida en herramienta de recompensa política.
Conscientes del peso de la sospecha internacional, los funcionarios de Malabo tampoco han olvidado mencionar los compromisos asumidos ante el Fondo Monetario Internacional. Prometen, como siempre, realismo, transparencia e informes trimestrales.
Son fórmulas conocidas. Sirven para entretener a la galería internacional, mientras las cuentas reales del Estado continúan bajo el candado de la familia gobernante.
La anunciada rehabilitación de las agencias del Tesoro en el interior del país no engañará a nadie. El proyecto presupuestario de 2027 confirma la trayectoria de un poder desconectado de sus ciudadanos. Cuanto más recauda el Estado, menos recibe la población.
Guinea Ecuatorial vuelve así a exhibir una de las tragedias habituales de las dictaduras de la subregión, enriquecer el aparato para perpetuar el sistema, aunque el país avance hacia una inevitable bancarrota moral.











