El clan Obiang prepara la absorción del INSESO para enterrar su ruina sanitaria

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Según Teodorín, el 24 de marzo se ordenó un inventario “exhaustivo” de los bienes, equipos y recursos del INSESO como paso previo al traspaso de sus hospitales y material sanitario al Ministerio de Sanidad en un plazo estimado de seis meses. La operación venía preparándose desde el 11 de febrero, cuando el régimen anunció la “reestructuración” del organismo tras reconocer que existían quejas por la calidad de la atención, la gestión de los recursos y las prestaciones a jubilados y asegurados.

Por OLBIF

El régimen de Malabo no está reformando la sanidad. Está moviendo papeles, siglas y competencias para esconder un fracaso que lleva demasiados años costando dolor, invalidez y muerte a miles de guineoecuatorianos. La absorción del INSESO por el Ministerio de Sanidad no nace de una voluntad de justicia con los asegurados, sino de la necesidad política de tapar un derrumbe que ya ni la propaganda consigue maquillar.

Lo más revelador de esta maniobra no es lo que promete el poder, sino lo que ya ha tenido que admitir. El 11 de febrero, Teddy reconoció que había múltiples quejas por la calidad de la atención sanitaria y por la gestión de los recursos destinados a los asegurados. También admitió que existen jubilados que, pese a haber cotizado toda su vida, no reciben prestaciones acordes con sus aportaciones. Dicho de otra manera, el mismo aparato que hoy vende una supuesta solución confesó hace semanas que el sistema lleva tiempo maltratando a quienes lo sostuvieron con su trabajo.

Con ese precedente, el anuncio del 24 de marzo no puede presentarse como una simple decisión técnica. La dictadura confirmó que ya está en marcha un inventario general de bienes y equipos del INSESO, que el traspaso a Sanidad se plantea para un plazo de seis meses y que la entidad dispone de auditorías de los últimos cinco años, realizadas en 2024 por la firma DISWUART. Es decir, el clan Obiang no descubrió ahora el desastre, lleva tiempo revisándolo y ha decidido gestionarlo a su manera, desde arriba y sin rendir cuentas ante la población.

Ahí está el corazón del problema. En vez de hablar primero de enfermos abandonados, de asegurados humillados o de familias empujadas a buscar atención como puedan, el régimen vuelve a hablar de eficiencia económica, control del gasto y rentabilidad para el Gobierno. Esa forma de enfocar el asunto retrata con brutal claridad la lógica del poder en Guinea Ecuatorial; la salud no se trata como un derecho, sino como una caja que debe reorganizarse para seguir sirviendo al mismo sistema de captura, clientelismo y saqueo.

La suspensión de conversaciones con otras auditoras termina de despejar cualquier duda sobre la naturaleza de la operación. El 24 de marzo, la propia nota «oficial» explicó que se paralizaban esos diálogos para evitar duplicidades y concentrarse en empresas especializadas en inventarios. En un país normal, una crisis de esta magnitud exigiría luz, vigilancia y responsabilidades. En la Guinea Ecuatorial de los Obiang, en cambio, cada “reestructuración” acaba pareciéndose demasiado a un cierre de filas para que todo siga bajo control del mismo clan que lo arruinó.

No se está desmontando una estructura fracasada para levantar otra más justa, sino recolocando los restos del naufragio dentro del mismo edificio del poder. Se cambia el rótulo, se ordenan inventarios, se invocan auditorías y se repite la palabra modernización, pero el resultado final apunta a lo de siempre, blindar responsabilidades, borrar huellas y administrar políticamente la ruina.

El drama de la sanidad guineoecuatoriana no empezó con un expediente mal hecho ni termina con una transferencia administrativa. Es el producto de décadas de abandono deliberado, corrupción y desprecio por la vida de la gente. Y cuando los mismos responsables de esa devastación aparecen ahora vestidos de reformadores, lo que toca no es aplaudirles la maniobra, sino denunciar que están intentando enterrar bajo un nuevo organigrama la miseria sanitaria que ellos mismos construyeron sobre el cuerpo de todo un pueblo.

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Un comentario

  1. el colapso del sistema sanitario en Guinea Ecuatorial no es fruto del azar, sino de décadas de mala gestión, corrupción y abandono bajo el régimen de Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, donde mientras la población sufre hospitales sin recursos ni condiciones dignas, la élite gobernante se beneficia de privilegios y atención médica en el extranjero; esta desigualdad extrema refleja no solo la ruina de instituciones como el INSESO, sino también el fracaso moral y político de una dictadura que ha convertido la riqueza del país en beneficio privado, dejando a sus ciudadanos en una situación de desprotección sanitaria que resulta tan injusta como inaceptable.

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