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Según un artículo firmado por Olivier de Souza (Agence Ecofin) y publicado este 22 de enero de 2026 en La Tribune Afrique, Guinea Ecuatorial explora acuerdos de prepago con casas internacionales de compraventa de materias primas para levantar cerca de 300 millones de dólares (unos 256,7 millones de euros) que serían devueltos con entregas futuras de petróleo y gas natural licuado (GNL) repartidas en varios años.
De acuerdo con las fuentes citadas por el medio, el objetivo inmediato de ese dinero sería financiar la “maintenance” de los campos existentes, mantenerlos operativos, y sostener un intento de relanzamiento de la producción nacional, ahora en mínimos.
La operación llega cuando el sector atraviesa una caída prolongada: tras alcanzar 241.000 barriles diarios en 2010, la producción fue descendiendo casi sin pausa hasta situarse en 55.000 barriles diarios en 2023, según cifras de la OPEP recogidas por La Tribune. En ese retroceso pesan la madurez de los campos, la escasez de nuevos desarrollos y, sobre todo, la retirada progresiva de grandes petroleras. El texto recuerda que ExxonMobil dejó el país en 2024 y que los principales activos pasaron a manos de la empresa nacional GEPetrol, en un momento en que el Estado tiene dificultades para movilizar el capital necesario para sostener la producción.
El mecanismo de los prepagos, dinero hoy a cambio de cargamentos mañana, se ha convertido en una válvula de financiación para varios Estados africanos en un mercado donde la banca se muestra cada vez más reacia a respaldar proyectos fósiles. La Tribune cita ejemplos recientes: un acuerdo de 1.000 millones de dólares de Gunvor en Gabón y una financiación de 3.300 millones de dólares estructurada para Nigeria, a devolver en petróleo. También recuerda que Malabo ya habló en 2024 de conversaciones con Trafigura por un eventual apoyo de 2.000 millones de dólares, sin anuncio posterior de acuerdo.
La apuesta es sensible porque Guinea Ecuatorial depende de forma extrema de los hidrocarburos. El artículo atribuye al Banco Africano de Desarrollo que el sector representaría 42% del PIB, 95% de las exportaciones y 90% de los ingresos públicos, por lo que el declive productivo termina golpeando directamente las cuentas del Estado. En paralelo, el FMI viene advirtiendo de los efectos macroeconómicos de una producción petrolera en descenso continuado.
Además de buscar liquidez, las autoridades combinan otros frentes. En el mismo texto se menciona un nuevo ciclo de licencias previsto entre abril y noviembre de 2026, con 24 bloques a disposición de inversores (dos en tierra y el resto offshore). Esa hoja de ruta también ha sido anunciada públicamente por el ministro de Hidrocarburos en foros sectoriales, con el objetivo declarado de atraer exploración y frenar el agotamiento de los campos actuales.
Y, como segundo pilar, Malabo vuelve a apoyarse en el gas; La Tribune cita un acuerdo reciente con Chevron para desarrollar el proyecto Aseng (inversión estimada en 690 millones de dólares) y menciona igualmente la proyección de un desarrollo ligado al bloque EG-27 con una planta de licuefacción de 2,4 millones de toneladas anuales durante 20 años.
La gran pregunta, la que no se responde con cifras de conferencias, es qué nivel de transparencia acompañará a estas fórmulas financieras. Porque en la práctica, un prepago no es magia; es petróleo y GNL comprometidos por adelantado, con intereses, y con una factura que termina aterrizando en el mismo lugar de siempre, el futuro económico de los guineoecuatorianos.