
Lanzarote vuelve a calzar a niños de Malabo y Bata con Zapatillas Solidarias
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Según una publicación difundida este 14 de enero por la prensa insular de Lanzarote, el Cabildo y la Fundación Martínez Abolafio presentaron la XII edición de la campaña “Zapatillas Solidarias 2026”, una recogida de calzado deportivo que se desarrollará del 14 de enero al 15 de mayo de 2026 y que contará con la participación de más de 40 centros educativos.
El anuncio detalla que el acto se celebró en el Salón de Plenos del Cabildo y que participaron, entre otros, el consejero de Residuos Domingo Cejas, el de Bienestar Social Marci Acuña, el de Actividad Física y Deportes Juan Monzón, la presidenta de la Fundación Catalina Martínez y la delegada de Urbaser Paula Álvarez.
“La campaña se enmarca en las políticas insulares de economía circular, al dar una segunda vida al calzado deportivo y reducir la generación de residuos”
Lo más relevante para Guinea Ecuatorial está en el destino; la propia organización señala que el material se distribuye principalmente en Malabo y Bata, incluyendo escuelas rurales, orfanatos y centros comunitarios, y que parte del calzado se destina al Campus de Baloncesto que se desarrolla en el país.
La campaña afirma haber acumulado desde 2014 un total de 13.722 pares recogidos y se marca como objetivo para esta edición superar los 2.000 pares, con la meta de alcanzar 16.000; el proceso incluye recogida, clasificación, envío y entrega directa, con el apoyo de más de 20 entidades colaboradoras.
Hasta aquí, la noticia amable. Pero el dato incómodo está precisamente en esa “amabilidad”; que en 2026 sean familias y escolares de una isla europea quienes vuelvan a llenar cajas para que niños guineoecuatorianos puedan calzarse dice mucho más del fracaso del Estado que de la generosidad canaria.
El Banco Mundial recuerda que el petróleo elevó al país a la categoría de renta media-alta, pero esa riqueza no se tradujo en mejoras amplias, y en 2022 58,1% de la población (alrededor de 1,04 millones de personas) vivía con menos de 8,30 dólares al día (PPA 2021). Añade además brechas de servicios básicos: 31% sin acceso a agua segura, 37% sin saneamiento y 18% fuera de la red eléctrica, junto a un elemento todavía más revelador: el gasto público en salud y educación juntos se sitúa por debajo del 2% del PIB.
En otras palabras, el país no está esperando “zapatillas” por falta de manos solidarias; las espera porque el régimen de Malabo ha normalizado una realidad donde la ciudadanía se sostiene con parches, donaciones y redes informales, mientras la administración presume de “Estado” sin garantizar lo elemental.
Esto no es una vergüenza, sino lo siguiente.
A esa estructura se suma la falta de controles reales. En el Índice de Percepción de la Corrupción 2024 de Transparency International, Guinea Ecuatorial aparece con 13/100 y en el puesto 173 de 180. En el plano político y de libertades, Freedom House califica al país como “No libre” con 5/100. ante eso, la pregunta deja de ser “cómo llegan zapatillas desde Lanzarote” y pasa a ser: cómo se bloquea dentro del país cualquier rendición de cuentas que obligue a priorizar a la población.
El contraste se vuelve todavía más hiriente cuando se observa dónde terminan algunas disputas del poder. En Francia, la justicia confirmó la condena contra «Teddy» Nguema Obiang Mangue por malversación y blanqueo y el caso ha girado, además, en torno a bienes de lujo y una mansión incautada que Guinea Ecuatorial ha intentado blindar en tribunales internacionales.
Mientras tanto, al otro lado del mar, escolares de Lanzarote vuelven a hacer lo que no debería depender nunca de la caridad, que un niño tenga un calzado digno para ir a clase o practicar deporte.
La solidaridad es valiosa y merece respeto. Pero en Guinea Ecuatorial también debe servir como recordatorio; si otros calzan a nuestros niños con zapatillas usadas, no es por falta de petróleo, ni por ausencia de presupuesto, ni por incapacidad técnica. Es porque los corruptos que gobiernan han decidido que el bienestar del pueblo no sea prioridad.







