¿Será mañana el día de la entronización del hijo por parte del padre?

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Por José Eugenio Nsue

No se sabe si este 57 aniversario de la fallida independencia de nuestro país será el último que celebra en vida el longevo octogenario, enfermo y vetusto dictador, Obiang Nguema, y como vienen avisando todo ese tiempo, definitivamente va a traspasar oficialmente todos los poderes al hijo esta vez, antes de que estire la pata, palme, y antes de que se consuma el plan que sus padres llevan años urdiendo, quisiera hacer una serie de consideraciones para aquellos paisanos que sepan leer y quieran reflexionar y pensar un poco.

Aunque se ha tomado como válida la frase atribuida al Ministro nazi, Goebbels que dice: «una mentira repetida mil veces se convierte en verdad», lo que está sucediendo en Guinea Ecuatorial, ya no puede considerarse una casualidad ni mentira. El que hayamos tenido dos gobernantes de la misma familia, misma tribu, mismo clan y del mismo distrito; los dos han sido nefastos, una ruina para el país y todos sus habitantes, salvo sus familias, parientes y amigos que se han beneficiado y disfrutado, no es una casualidad; en todo ese tiempo, 57 años, los guineanos no se han levantado, protestado, exigido ni luchado por sus derechos todo lo contrario, se han dejado hacer y ser tratados peor que los esclavos, como ganado o borregos; así nos ha ido, no se entiende por qué nos seguimos considerando guineanos con el trato que estamos recibiendo de los parientes NGUEMA; si lo que se vive en el país para eso lucharon los Padres de la independencia, quisieron liberarnos de la colonización para que estemos y vivamos como lo hacemos.

Ahora que vamos a conmemorar el 12 de octubre, no celebrar ni festejar porque no hay motivos ni razones para celebrar esta fecha que está siendo una desgracia para el 90% de los guineanos, y a las vísperas de que el heredero, o sea, el tercero de los parientes NGUEMA, sea entronizado oficialmente, ¿vamos a seguir permaneciendo callados, arrodillados mirando al cielo por si Dios nos envía otro Mesías para que nos salve y redima? ¿Qué nos pasa a los guineanos que no somos capaces de luchar y defender por nuestros derechos?

¿Volvemos a quedar de brazos cruzados viendo cómo los Obiang van a salir otra vez con la suya, cómo otro del clan, de la tribu, del mismo pueblo y distrito se va a hacer y secuestrar todos los poderes, igual que su tío abuelo y su padre sin que el pueblo diga: ‘trop c’est trop’? ¿Por qué somos tan cobardes? ¿No veis cómo se están movilizando los jóvenes en Camerún, se han movilizado en Malí, Burkina Faso o en Senegal por no compararnos con Europa, Asia o América? ¿Quiénes creemos que van a promover el cambio en nuestro país? ¿También vamos a consentir que nuestros hijos y nietos vivan arrodillados y esclavizados como estamos siendo y fueron nuestros padres?

Si os fijáis, últimamente el dictador una vez que se reunió a solas con el Arzobispo de Malabo, y conjuntamente con la Conferencia Episcopal como si fuera una despedida encubierta, ha ido desapareciendo del escenario público, no se sabe dónde está, cómo está o qué hace, tampoco interviene en lo que sucede en el país como el caos de la FEGUIFUT y el abandono de la Selección Nacional. Ha llamado mucho la atención su sonada ausencia en los funerales de uno de sus asesinos más despiadados que le quedaban, Elías Nguema Ebang, Elías el BOMBERO. Nunca una muerte había sido más celebrada por unanimidad por su oscuro currículum: torturó a inocentes en los sótanos de las comisarías y cárceles, atropelló con su coche a civiles indefensos en las calles de Malabo y Bata, envenenó a prisioneros y opositores para borrar sus rastros, ordenó detenciones arbitrarias, secuestros e hizo desaparecer a otros tantísimos; hizo confesar a inocentes bajo torturas y humillaciones, golpeó hasta la muerte a jóvenes acusados de traición, persiguió a familias enteras por simples sospechas políticas, sembró pánico entre los soldados y la población civil, fue el ejecutor silencioso de las órdenes más macabras del régimen, convirtió los interrogatorios en sesiones de dolor y terror, hizo desaparecer a decenas de opositores cuyos cuerpos nunca fueron encontrados, usó su poder para destruir vidas, infundir miedo y callar voces… y para el colmo, emulando a su jefe, parece que reconoció a unos 46 hijos, y su Amo no tuvo ni el detalle de ir a despedirse de uno de sus soldados más obedientes, después de tantos servicios que le prestó. En lugar de apodarse el BOMBERO, tenía que llamarse Elías el Pirómano o Elías el Destripador. Su currículum asusta tanto que si no conociéramos el perfil de todos los colaboradores, los que han hecho posible que el criminal y asesino mayor del Reino de Kalunga, Obiang, eternizara en el poder, todos deleznables, viles y miserables, se diría que ese Elías ha sido el «Ondo Ela» de Obiang, aquel bicho que mandaba a su perro Cope que devorase a los presos en Black Beach y sirvieran de su comida en tiempos de la triste memoria. El pequeño consuelo es que la justicia divina llega, muy tarde pero llega; muchos de esos criminales y asesinos están acabando probando la misma medicina que dieron a sus víctimas. Como dice el Maestro Fernando ABAGA EDJANG: «la esperanza de vida de los guineanos ha aumentado con la muerte de Elías el BOMBERO«.

La pregunta que hago a los guineanos una vez más, es si con el hijo, ¿vamos a seguir con los brazos cruzados y esperar a que también acabe con cada uno de nosotros, sea matándonos de hambre, por falta de trabajo u ordenando directamente que nos torturen, encarcelen y maten?

El conformismo de los guineanos roza el paroxismo, por no exigir a sus gobernantes que cumplan con sus obligaciones, les atiendan, se ocupen y preocupen de sus problemas, sin embargo, apelan a la solidaridad mal entendida, van pidiendo aportaciones para cubrir necesidades propias del Estado: poner luz en los pueblos, para la construcción de las iglesias, ayudas para los enfermos y accidentados, arreglar los tramos de carreteras que van a sus pueblos, traer agua a los hogares o construir escuelas y residencias para los ancianos…, todas esas causas muy nobles, deberían ser competencias del Estado, es decir del Gobierno, pero el ese, lejos de ocuparse de ello, se ven sus miembros encabezados por sus Jefes llevar vidas de lujo, organizar grandes fiestas, viajando y paseando por todo el mundo; más encima, obligan a esta pobre y sufrida población a ir a aclamarles cuan Mesías trajeada (chaqueta negra y camisa blanca).

Si vais a seguir igual que con los dictadores anteriores, os decimos que con nosotros no contéis, no estamos dispuestos a entregarnos para que hagan con nosotros lo mismo que su tío abuelo y su padre, seguiremos luchando por una Guinea libre y democrática cueste lo que cueste. Para empezar, nada de celebraciones del 12 de octubre, llevar trajes negros ni de ir a Oyala.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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