Obiang en la ONU: Grandes discursos sobre justicia, una realidad sombría en Malabo

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“¿Cómo puede un régimen que reprime a su pueblo con puño de hierro erigirse en defensor de la justicia mundial? El discurso de Obiang en la ONU no fue más que una coreografía vacía para encubrir su fracaso interno.”

Por OLBIF

En otro ejercicio de prestidigitación diplomática, el régimen de Malabo volvió a regalarse una tribuna internacional. Este viernes 25 de julio, durante la sexta conferencia virtual del Comité de los Diez Países (C10) de la Unión Africana, encargado de promover la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU, el dictador Teodoro Obiang Nguema Mbasogo pronunció un discurso en el que clamó por una representación estratégica y equitativa del continente africano en la gobernanza mundial. Una retórica audaz que contrasta brutalmente con la realidad de un país donde los intereses del pueblo han sido sistemáticamente sacrificados en beneficio de una casta corrupta y un sistema de nepotismo que ha saqueado la nación hasta dejarla en ruinas.

La oficina de Prensa del régimen, fiel a su línea propagandística, destacó “la posición de Malabo, expresada por el Presidente de la República, Jefe de Estado y de Gobierno, Su Excelencia Obiang Nguema Mbasogo”, subrayando su “compromiso firme con la reforma del Consejo de Seguridad”. Pero, ¿cómo puede un régimen que pisotea los principios más elementales de la gobernanza democrática y la justicia social en su propio país erigirse como defensor de la justicia global?

La proclamación de una Guinea Ecuatorial “decidida a defender esta posición sin vacilar, sin retroceder y sin ceder a presiones externas” suena como una cruel ironía para una población que sufre precisamente esa misma ausencia de vacilación… en la represión, la censura y la negativa sistemática a escuchar las demandas internas de democracia y transparencia.

Obiang elogió el llamado “modelo africano de reforma adoptado en Zambia”, según el cual la unidad y la coherencia son “las mayores fortalezas del continente en esta lucha”. Palabras desconcertantes viniendo de un dirigente que ha sofocado toda forma de unidad interna, ha criminalizado a la oposición, manipulado la Constitución y eliminado cualquier vestigio de pluralismo político. El discurso sobre “corregir una injusticia histórica contra África” se vuelve hueco cuando lo formula alguien que ha institucionalizado la injusticia en su propio país, confiscando las riquezas nacionales para el beneficio exclusivo de su clan mientras condena a la mayoría a una pobreza estructural.

Según el comunicado oficial, “la 80ª sesión de la Asamblea General de la ONU ofrece una tribuna y un marco ideal para hacer oír la voz unida del continente y abogar, con firmeza y sin ambigüedad, por reformas urgentes”. Incluso habría afirmado que la “demanda africana es legítima, largamente esperada y debe ser atendida con urgencia”. Pero esa exigencia de una voz “unida y sin ambigüedades” resulta ofensiva viniendo de un régimen que niega a sus propios ciudadanos el derecho a expresarse, organizarse y elegir libremente a sus representantes.

El llamado de Obiang a “pasar de la afirmación de la posición africana a la aplicación efectiva de decisiones” es de una ironía trágica. Eso es exactamente lo que reclaman los guineoecuatorianos: aplicación de decisiones democráticas, respeto a las leyes, lucha contra la corrupción rampante y fin del saqueo institucionalizado. Que Obiang recomiende a la Unión Africana “escuchar atentamente a los socios y actores externos para ajustar la estrategia” no es más que una burla. Su gobierno jamás ha escuchado al pueblo ni ha rendido cuentas por las violaciones sistemáticas de derechos humanos.

Mientras el C10 pretende legitimar la demanda de una mayor representación africana en la ONU, la presencia de figuras como Obiang en estas negociaciones amenaza con socavar la causa. La reforma del Consejo de Seguridad requiere credibilidad ética. Y Guinea Ecuatorial, gobernada desde hace más de cuatro décadas por un régimen señalado por su corrupción, nepotismo y brutalidad, representa todo lo contrario a los valores que África aspira a defender en el escenario internacional.

El discurso de Teodoro en Ginebra, por “firme” o “contundente” que parezca a ojos de sus aduladores, no ha sido más que otro espectáculo vacío. Un nuevo humo discursivo para tapar la podredumbre de un país donde la justicia no es más que un eslogan exportable, nunca una realidad vivida.

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Un comentario

  1. La gran mayoría de los países civilizados han adoptado la doctrine de Montesquieu que consiste en ver la separación de los poderes: ejecutivo, legislativo y judicial como la mejor garantía del buen orden de sociedades y de la libertad de sus conciudadanos contra los abusos de una autoridad Indiferenciado.
    Esta sociedad instituida de manera arcaica , sus amiguetes y los esbirros de la corte son la emanación del todopoderoso . El pueblo es considerado como un manada de bestias que solo existe para el servicio de esta pequeña plebe. Según la formula romana: sic volo , sic jubeo, sit pro ratione voluntas. Se ha instaurado una oligarquía en una sociedad muy primitiva y feudal.

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