
Obiang Nguema celebra la victoria en los islotes petrolíferos mientras el pueblo sufre y Gabón se resiente
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Por OLBIF
«El dictador celebra islotes que podrían tener petróleo… como si fuera a compartirlo con alguien más que su clan.»
Radio Macuto
En una nueva demostración de su apetito desmedido por el poder y los recursos naturales, el dictador Teodoro Obiang Nguema Mbasogo no tardó en celebrar la decisión de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) que otorga a Malabo la soberanía sobre los islotes de Mbañé, Cocoteros y Conga, en disputa con Gabón. Lo hizo con su habitual arrogancia y sin la más mínima mención a las consecuencias diplomáticas, sociales y humanas que tal decisión podría acarrear.
Radio Macuto destacó esta reacción en una nota publicada en el portal Connaissance des Énergies, citando a AFP, el pasado 2 de junio. Lejos de apaciguar el ambiente, las palabras de Teodoro Obiang han encendido aún más los ánimos en ambas orillas del conflicto.
La CIJ emitió su fallo el pasado 19 de mayo, basándose en un tratado colonial de 1900 entre Francia y España que, según el tribunal, atribuía legalmente estos territorios a España, cuya soberanía fue transferida a Guinea Ecuatorial tras la independencia en 1968. Aunque pequeños en superficie, los islotes tienen un valor estratégico incalculable por su ubicación en aguas potencialmente ricas en petróleo.
«La lucha fue intensa y parecía conducir a una guerra, pero fuimos pacientes y prudentes, convencidos de que las islas eran nuestras«, dijo Obiang durante un acto oficial el pasado sábado. Palabras que suenan huecas cuando provienen de un régimen conocido por la brutal represión interna y la sistemática malversación de los recursos del país.
Pero lo más inquietante ha sido su condescendencia hacia el presidente gabonés, Brice Oligui Nguema: “Estoy seguro de que el presidente del Gabón será comprensivo, para que todo se resuelva bien y este largo contencioso se cierre definitivamente (…). Creo que es una victoria para ambas partes”, afirmó Obiang, sin ofrecer la más mínima empatía hacia el legítimo sentimiento de pérdida del pueblo gabonés. Un tono que no sorprende a quienes conocen el desprecio habitual del régimen de Malabo por sus vecinos… y por el derecho internacional, cuando no le favorece.
Desde Libreville, el presidente Oligui ha intentado enfriar los ánimos invocando el diálogo y la concertación, pero la decisión de la CIJ ha provocado una oleada de críticas en redes sociales y medios gaboneses. El propio gobierno ha dejado entrever la posibilidad de negociar compensaciones con Malabo.
No deja de ser irónico que el mismo tratado colonial que hoy beneficia a Guinea Ecuatorial también da ventaja al Gabón en la frontera oriental, en una franja que incluye parte de Mongomo, tierra natal del dictador. Según fuentes cercanas a la presidencia gabonesa, se espera que Oligui viaje en los próximos días a Malabo, antes de la cumbre de la CEEAC prevista para el 7 de junio.
Mientras Obiang celebra esta “victoria” obtenida por vías legales internacionales, el pueblo guineoecuatoriano continúa atrapado en una cruda realidad marcada por la miseria, la represión y la corrupción. Una vez más, el régimen se aferra al botín petrolífero, que jamás llega a la ciudadanía y sólo engorda los bolsillos de su cúpula mafiosa.
Las declaraciones de Obiang no son más que un nuevo episodio de su desprecio por las aspiraciones legítimas de los pueblos. Esa «comprensión» que exige a Gabón se parece más a una orden imperial que a una invitación al entendimiento. Y para el pueblo de Guinea Ecuatorial, este episodio no hace sino confirmar que las prioridades del régimen están, como siempre, a años luz de su bienestar.









