
Otra tragedia de la inmigración en Canarias, un drama humanitario que interpela.
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Por José Eugenio Nsue
Esta semana asistimos en directo el vuelco de una patera en un puerto de la isla de El Hierro (Canarias) con más de 150 personas, mientras se procedían a desembarcar a sus ocupantes. En el vuelco murieron siete mujeres: cuatro adultas y tres menores de entre cinco y dieciséis años.
No es la primera, ni la segunda, ni la tercera vez que sucede ese tipo de tragedia en las aguas canarias; entre 1999 que se informó el primer naufragio en Fuerteventura hasta este último en El Hierro, hubo dos naufragios en Lanzarote en la playa de Los Cocoteros en 2009 con 25 muertos, y en Órzola en 2020 con 8 muertos. Son los casos que se han podido contabilizar porque había testigos, sin embargo el número de naufragios que se producen en el alta mar queriendo llegar a «El Dorado», es incontable por eso se dice que el mayor cementerio del mundo se encuentra en estas aguas de Canarias.
Las pateras no salen de los puertos concretos, no llevan listas de los ocupantes por lo tanto, no se puede saber a ciencia cierta el número exacto de los que se arriesgan a subirse en esas pateras, tampoco se conocen sus lugares de procedencia, cuánto hace que salieron de sus poblados o regiones; al no saber de su existencia por falta de filiación, ni de sus paraderos, si están vivos o muertos; simplemente dejan de existir, desaparecen. Los que sus cuerpos son localizados y pueden ser enterrados, en sus nichos ponen: inmigrante naufragado el día/mes/año y punto.
La patera que volcó en El Hierro este pasado 28 de mayo, se sabe que había salido de Guinea Conakri, llevaba unos 10 días en el mar abierto y que sus ocupantes eran mayoritariamente guineanos y senegaleses, casi todos eran jóvenes y unos 20 eran menores y bebés.
Si bien los accidentes son imprevisibles per se y la muerte igualmente resulta inevitable porque todo lo que nace, perece; también es cierto que muchos accidentes y muchas muertes podían ser evitables. Las continúas pérdidas humanas de los inmigrantes africanos se podían evitarse si les importara a alguien, lamentablemente no es así, a los africanos no nos importamos a nadie. Los africanos no somos queridos, ni respetados por nuestros propios gobernantes. Es descorazonador que ningún dirigente africano se conmueva lo más mínimo al ver a su población huir de la miseria, enfermedades, falta de perspectivas o simplemente de la persecución política o religiosa. Todas las semanas aparecen en las televisiones internacionales imágenes de africanos exhaustos siendo rescatados o ahogados desde una patera o cruzando las vallas de Ceuta y Melilla, sin que ningún organismo panafricanista: UA (Unión Africana), NEPAD (Nueva Alianza para el Desarrollo de África), CEMAC (Comunidad Económica y Monetaria del África Central), CEDEAO (Comunidad Económica de Estados de África Central) o CPLP (Comunidad de Países de habla Portuguesa), etc, hiciese nada; no les interesa en absoluto por eso no se convoca cumbres para analizar el tema del éxodo de los africanos en pleno siglo XXI; muchos subsaharianos son tratados como esclavos a su paso por el norte de África (Libia, Marruecos, Túnez…), los dirigentes de los países de donde son originarios miran por otro lado. Tanto los dirigentes africanos como el resto de los dirigentes del mundo, lo único que les interesa de África son sus riquezas, recursos naturales, su paisaje, su flora y fauna, sus playas paradisíacas, en cambio los habitantes son un estorbo.
Por otro lado, los países receptores de los inmigrantes africanos, Italia y sobre todo España, tampoco saben qué hacer con ellos. Es curioso que el Presidente español, el doctor Pedro Sánchez, progresista como nadie, defensor a ultranza de las causas nobles, el abanderado de las denuncias y condenas contra Israel en las masacres de palestinos inocentes en Gaza, que él califica de genocidio, un verdadero drama humanitario; en cambio, en su propia casa, ocurren otros dramas constantes como son las llegadas incesantes de africanos, algunos llegan muertos y otros tantos desaparecidos, ejemplo de ello lo acabamos de vivir en El Hierro esta misma semana. España tiene entre los innumerables Ministerios, el de Derechos Sociales, el de Migración, el de Juventud e Infancia, el de la Vivienda y Agenda Urbana; lleva más de siete años en el poder y no ha podido o querido solucionar, resolver este drama. Nos preguntamos: ¿cómo quiere solucionar el conflicto israelo – palestino que está a miles de kilómetros de España y donde están involucrados muchos más países, en cambio es incapaz de solucionar un problema que está en su propia casa? ¿A caso los niños gazatíes que mueren por las bombas israelíes son más importantes que los que caen al mar a dos metros de un muelle de algún puerto español u otros que perecen durante la travesía de la frontera sur? ¿Dónde están todos esos progres y defensores de los derechos humanos, de los inmigrantes y luchadores contra las injusticias justicias? ¿Qué dice la sociedad española de todas esas pérdidas de vidas humanas de africanos en las playas españolas y las vallas de Ceuta y Melilla?
Si quisieran los dirigentes europeos solucionar la cuestión de la inmigración africana, ya lo habrían resuelto hace tiempo, pero ni quieren ni les interesa. Las oficinas diplomáticas en los países de donde proceden los inmigrantes, saben perfectamente lo que pasa, las causas por las que inmigran y los regímenes que oprimen a sus propios ciudadanos. No es creíble que la Unión Europea no sea capaz de obligar a los dirigentes africanos de respetar los derechos humanos y los convenios internacionales suscritos y ratificados; no lo hace porque no le conviene, prefieren un África subdesarrollada, anárquica y inculta para así seguir aprovechando de sus recursos.
Tampoco nosotros mismos, los africanos y africanistas, hacemos nada, lo suficiente para revertir el rumbo del continente. Muchos africanistas y nostálgicos de las tradiciones, pasan el tiempo reivindicando la vuelta a los orígenes, exigen a los excolonos de devolver las reliquias, la magia, el arte y los «poderes» que se llevaron durante el expolio al continente; de lo que no hablan ni exigen, es que los dirigentes que malgobiernan el continente se vayan o que cambien; los africanos no podemos seguir viviendo como ratas en nuestros propios países, no hay razones para que estemos escapando desesperados de nuestros lugares de nacimiento en busca de la felicidad, prosperidad y para poder vivir con dignidad. No podemos ser beligerantes y reivindicativos con los demás (Occidente) y cobardes, condescendiente y permisivos con nuestros dictadores y dirigentes incompetentes. No podemos ni debemos ser engullidos por esta sociedad líquida que se ha convertido la sociedad mundial en la que la indiferencia es la religión mayoritaria practicada por la inmensa mayoría. No debe ser así.
Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?









