
Mbañé no se tuitea
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El vicepresidente de su padre, más conocido por sus estridencias digitales que por logros tangibles de gestión, anunció el pasado 26 de mayo que ha ordenado a GE-Proyectos iniciar una licitación internacional. Según él, busca contratar a una firma extranjera especializada en diseño urbano para transformar las islas de Corisco y Mbañe en destinos turísticos de referencia.
El anuncio llega pocos días después de que la Corte Internacional de Justicia (CIJ), con sede en La Haya, emitiera su fallo del 19 de mayo de 2025 reconociendo oficialmente la soberanía de Guinea Ecuatorial sobre la isla de Mbañe. Un acontecimiento relevante, sin duda. Pero el oportunismo es tan evidente que cuesta no reír: de inmediato, como si todo estuviera preparado, se activó la maquinaria propagandística del régimen para presentar el “rescate de Mbañe” como el nuevo capítulo de un falso despegue turístico nacional.
¿Y Corisco? ¿Acaso estaba esperando a Mbañe para que fueran juntas, de la mano, rumbo al paraíso turístico prometido?
¿Nadie le dijo al Oxímoron personificado que la soberanía de la Isla de Mbañe no es lo mismo que cuando manda detener, encarcelar y llevarse dinero trabajado por otra persona de paranda?
La recuperación jurídica de Mbañe es, en efecto, una victoria para el Estado guineoecuatoriano. Pero el anuncio instantáneo de convertirla en un polo turístico demuestra que, el régimen no pierde el hábito de confundir propaganda con políticas públicas. La sentencia de La Haya no resolvió el aislamiento del régimen, ni garantizó inversiones, ni suplanta la falta de credibilidad internacional que arrastra el país.
Mbañe, como Corisco, entra ahora al panteón de las promesas recicladas del régimen. ¿Qué fue de la bajada de los precios de la conexión a internet? ¿Dónde están los progresos del anunciado puerto seco de Ebibeyin? ¿Y la Zona Económica Especial de Kogo? Todo sigue igual: eslóganes sin sustancia, obras fantasmas y una ciudadanía acostumbrada a ver pasar los años entre puestas de primera piedra sin continuación, inauguraciones sin funcionamiento y discursos con olor a naftalina.
No es una estrategia diplomática, ni un plan de desarrollo. Es marketing de supervivencia. Con el fallo de La Haya en mano, el régimen se da prisa para poner la bandera… no sobre la isla, sino sobre la atención de los ciudadanos. Así, mientras unos celebran la victoria jurídica, otros se ven arrastrados por otra ola de titulares grandilocuentes, como si construir hoteles fuera tan fácil como publicar un tuit.
Y, por supuesto, todo está envuelto en el mismo formato de siempre: contenido perfectamente adaptado a redes sociales, frases pensadas para generar aplausos fáciles, hashtags patrióticos y una producción digna de AbahaTV, donde se monetiza la imagen y no la verdad.
Ganamos Mbañe en La Haya. Lo que aún no ganamos es el derecho a una gobernanza seria.
Porque una cosa es que la isla ya sea legalmente nuestra, y otra muy distinta es que se convierta mágicamente en un destino turístico gracias a una orden vía red social. La soberanía no se ejerce con likes, ni la planificación se improvisa con ocurrencias. Hace falta visión, transparencia, y sobre todo, respeto por la inteligencia de un pueblo harto de promesas que no se cumplen.
Mbañe es nuestra. Pero, no la gobierna el Estado. La tuitea el influencer en jefe.








Bueno, tenemos que reírnos de las estulticias de este energúmeno que carece de toda inteligencia.
Yo no veo porque hay que comentar sus andaduras ni las barbaridades de su padre o madre.
lleváis cincuenta anos comentando une diatriba que no tiene sentido, dais importancia a cosas insignificantes y por ende alimentáis las locuras de una gentuza que carece de un discernimiento.
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