
Malabo desempolva la ley mordaza digital para intimidar a las redes
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La ley mordaza digital de Malabo vuelve a escena. Teodoro Obiang y los suyos han vuelto a desempolvar la ley mordaza digital, presentada oficialmente como Ley Núm. 7/2024, la norma que regula el uso de las redes sociales, los delitos informáticos y la ciberdelincuencia en Guinea Ecuatorial. La venden como defensa del honor, la convivencia y la seguridad digital. Pero el mensaje político es otro, cuidado con lo que publicas.
La advertencia llega en un momento en que audios, vídeos, capturas y denuncias ciudadanas circulan con más rapidez que los comunicados oficiales. Y eso incomoda a un régimen acostumbrado a controlar la radio, la televisión, los periódicos y hasta el silencio.
Según el aparato oficial, en los últimos meses han aumentado las denuncias por difamación, injurias, calumnias, suplantación de identidad y difusión de información falsa. También habla de contenidos dirigidos contra el país, sus instituciones, autoridades y personalidades públicas.
Ahí está la clave. El problema no parece ser solo la protección de ciudadanos frente a delitos reales. El problema es que la ley puede convertirse en un arma contra quienes denuncian corrupción, abusos policiales, desapariciones, torturas, mala gestión o privilegios del poder.
En una democracia, una ley digital protege derechos. En una dictadura, sirve para perseguir voces incómodas. Y en Guinea Ecuatorial, donde la justicia no actúa con independencia, cualquier norma amplia sobre “honor”, “veracidad” o “respeto a las autoridades” termina oliendo a mordaza.
El régimen pide verificar antes de publicar. Está bien. Pero también debería empezar por verificarse a sí mismo, sus contratos, sus cuentas públicas, sus cárceles, sus hospitales, sus empresas estatales y sus versiones oficiales cuando algo grave sacude al país.
Las redes sociales no son perfectas. También tienen abusos, rumores y excesos. Pero para muchos guineoecuatorianos son el único espacio donde todavía se puede contar lo que el régimen intenta enterrar.
Por eso esta advertencia no debe leerse como una simple campaña de civismo digital. Es un aviso. Malabo sabe que ya no controla toda la conversación y responde como siempre, no con transparencia, sino con amenaza legal.
La ley mordaza digital es su nuevo recordatorio de miedo.









